La administración del presidente Donald Trump está elaborando un plan estratégico sin precedentes para dominar la industria petrolera venezolana durante los próximos años, con el objetivo declarado de reducir los precios del crudo hasta los 50 dólares por barril, según fuentes cercanas a altos asesores de la Casa Blanca y documentos internos revisados por este diario.
Según la investigación exclusiva del periodista Mario Vallejo, el plan contempla que Estados Unidos tome control operativo —y de facto— de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y de la mayoría de la producción petrolera del país sudamericano. La iniciativa, fruto de varias reuniones entre Trump y su equipo económico y de seguridad nacional, busca utilizar las vastas reservas de hidrocarburos venezolanos —las más grandes del mundo— para influir en el mercado global de crudo a favor de Estados Unidos y sus aliados.
Trump, que ha señalado en privado a sus colaboradores que la medida ayudaría a “someter los precios del petróleo al nivel de 50 dólares”, ha impulsado directamente negociaciones con sectores clave del Gobierno interino venezolano y grandes petroleras estadounidenses. Además, el mandatario intenta atraer a compañías como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips para que inviertan miles de millones de dólares para reparar y modernizar la infraestructura petrolera venezolana, severamente deteriorada tras años de desinversión y sanciones.
El plan podría implicar que Estados Unidos controle hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano almacenados, muchos de ellos destinados anteriormente a mercados como China, y proceda a exportarlos y comercializarlos desde puertos estadounidenses, en especial en el Golfo de México. Parte de estos volúmenes ya han comenzado a moverse hacia refinerías estadounidenses bajo licencias especiales, una señal de la rapidez con la que se está ejecutando la estrategia.
Aunque la iniciativa ha sido anunciada como una forma de “beneficiar tanto a los venezolanos como al mercado global de energía”. Analistas internacionales advierten que la dominación de un recurso estratégico de un país soberano podría reconfigurar las relaciones geopolíticas y provocar tensiones crecientes con potencias como China y Rusia, históricas compradoras de crudo venezolano.
Expertos señalan además que, pese a la intención de bajar los precios del petróleo, el impacto real en los mercados energéticos mundiales será limitado en el corto plazo, debido al exceso de oferta global y a la incapacidad instantánea de Venezuela para incrementar su producción por las deficiencias de su infraestructura.
Este movimiento marca quizás el giro más significativo en la política energética estadounidense hacia Venezuela desde la imposición de sanciones que duraron años y podrían redibujar la influencia de Estados Unidos en América Latina.
Fuente: Mario Vallejo, The Wall Street Journal, El País, Reuters
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