El dictador cubano Miguel Díaz-Canel volvió a culpar a factores externos por el colapso que vive la isla, durante un mensaje enviado a un evento internacional en Ginebra, donde insistió en responsabilizar a Estados Unidos por la grave situación económica y social del país.
En su intervención, el mandatario describió a Cuba como víctima de un “castigo prolongado” que, según él, busca someter al pueblo mediante el hambre y la escasez. Sin embargo, evitó referirse al papel del propio régimen en el deterioro acumulado durante décadas, marcado por la falta de reformas estructurales y el control absoluto de la economía.
Mientras el discurso oficial insiste en el llamado “bloqueo”, la realidad dentro de la isla refleja una crisis profunda que se ha agravado en los últimos meses. Los apagones prolongados, consecuencia del deterioro del sistema eléctrico, han paralizado gran parte del país y afectan desde la producción de alimentos hasta los servicios básicos.
El propio Díaz-Canel reconoció el impacto devastador en sectores clave. La zafra azucarera, históricamente uno de los pilares económicos, prácticamente se ha detenido por falta de insumos. A su vez, miles de pequeños negocios enfrentan el cierre debido a la escasez de combustible y al aumento de los costos en el mercado informal.
La crisis también golpea con fuerza al sistema de salud. Según cifras expuestas por el gobierno, más de 96.000 personas esperan cirugías que no pueden realizarse por la falta de electricidad, entre ellos miles de niños. Pacientes que dependen de tratamientos como radioterapia o hemodiálisis enfrentan interrupciones que ponen en riesgo sus vidas.
En la vida cotidiana, la situación es igualmente crítica. La falta de electricidad ha provocado desabastecimiento de agua y gas, mientras el transporte público prácticamente ha colapsado. Las universidades han tenido que reducir sus actividades presenciales y la población enfrenta largas jornadas marcadas por la incertidumbre y las carencias.
En medio de este escenario, el gobernante volvió a pedir respaldo internacional, al tiempo que defendió la alianza con países como Rusia y México, que han enviado ayuda puntual, especialmente en forma de combustible. No obstante, estos apoyos resultan insuficientes para revertir una crisis estructural que se arrastra desde hace años.
El discurso oficial también mantuvo su tono confrontativo, acusando a Washington de presionar a otros países para limitar la cooperación con la isla. Sin embargo, analistas señalan que la dependencia de ayudas externas evidencia la fragilidad del modelo económico cubano.
Fuente: El País
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