La crisis económica y la emigración están dejando a miles de adultos mayores en Cuba en condiciones de creciente vulnerabilidad, especialmente a quienes viven solos y no cuentan con familiares en el extranjero que puedan enviarles dinero.
El envejecimiento de la población agrava el problema. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el 26,7% de los habitantes de la isla tiene más de 60 años, lo que convierte a Cuba en uno de los países más envejecidos de América Latina y el Caribe.
La historia de Elvira Hernández refleja una realidad cada vez más frecuente. Esta contadora de 54 años ayuda a varios ancianos octogenarios que viven cerca de su vivienda en el barrio habanero de Santos Suárez. Muchos son amigos y antiguos colegas de su madre cuyos hijos emigraron.
Elvira los visita después del trabajo y durante los fines de semana para ayudarlos con tareas que pueden resultar complicadas a su edad, desde utilizar teléfonos celulares y aplicaciones hasta gestionar cuentas, conseguir efectivo o localizar productos escasos.
Según relató a la agencia ANSA, considera a estos ancianos como una segunda familia. Algunos reciben remesas de sus hijos en Estados Unidos y España, pero aun así necesitan ayuda cotidiana para desenvolverse en un entorno marcado por la inflación, la escasez y las dificultades para acceder a servicios básicos.
La situación es mucho más precaria para quienes no tienen familiares en el exterior.
Ese es el caso de Manuel García, de 67 años, quien presenta una discapacidad mental y vive junto a su anciana madre, Hortensia, en una vivienda deteriorada. Ambos carecen de apoyo económico procedente del extranjero y dependen de la asistencia estatal.
La familia recibe atención mediante el Sistema de Atención a la Familia (SAF), que proporciona comidas en comedores comunitarios. Sin embargo, Manuel se queja de la escasa variedad de los alimentos que recibe.
La alimentación, según su testimonio, se reduce habitualmente a arroz, frijoles y, ocasionalmente, huevo o picadillo. Para personas de avanzada edad y con problemas de salud, las carencias alimentarias pueden representar una dificultad adicional.
Ante este escenario, las autoridades cubanas han comenzado a promover nuevas alternativas para ampliar la atención a los adultos mayores. Entre las medidas se encuentra la autorización de hogares de ancianos y casas de abuelos privados.
Las nuevas instituciones deberán reservar el 10% de sus capacidades para personas consideradas vulnerables, mediante un mecanismo de asignación establecido por el Ministerio de Salud Pública.
Según Alberto Fernández Seco, jefe del departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Mental del Minsap, el objetivo es ampliar las opciones de atención para personas mayores que viven solas y necesitan cuidados.
Estos centros podrían ofrecer modalidades permanentes o diurnas y contarían con seguimiento médico mediante los servicios de atención primaria de salud.
Mientras esas medidas comienzan a implementarse, miles de ancianos continúan enfrentando una realidad marcada por la soledad, la dependencia económica y la falta de recursos. Para quienes no reciben remesas, la asistencia estatal se convierte en prácticamente su único respaldo en medio de una crisis que ha reducido drásticamente las posibilidades de muchas familias cubanas.
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