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“En Cuba no se persigue a opositores políticos”: Humberto López (Video)

Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 4 de febrero de 2026

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Las reiteradas afirmaciones del comentarista oficial Humberto López, quien insiste en que en Cuba no se persigue a opositores políticos, vuelven a chocar con una realidad ampliamente documentada dentro y fuera de la Isla. Decir que no existe persecución política mientras se multiplican los arrestos, el acoso y las condenas contra ciudadanos que expresan pacíficamente sus opiniones resulta, para muchos observadores, una negación sistemática de los hechos.

Si en Cuba no hay presos políticos, como sostiene el discurso oficial, surge una pregunta inevitable: ¿por qué existen cientos de personas encarceladas por manifestarse, opinar en redes sociales, escribir artículos críticos o participar en protestas pacíficas? Organizaciones internacionales de derechos humanos, así como familiares de los detenidos, han denunciado procesos judiciales sin garantías, condenas desproporcionadas y el uso de figuras penales ambiguas como “desacato”, “propaganda enemiga” o “atentado” para castigar la disidencia.

El acoso no se limita a las cárceles. Periodistas independientes, artistas, intelectuales y activistas son citados de manera constante por la policía, sometidos a vigilancia, amenazas y detenciones arbitrarias. En muchos casos, se les impide salir de sus casas para cubrir eventos, se les confiscan equipos de trabajo o se les presiona para que abandonen el país. Todo ello ocurre sin que medie violencia por parte de estas personas, cuyo “delito” es ejercer derechos básicos como la libertad de expresión y de pensamiento.

La narrativa oficial intenta presentar estos hechos como acciones contra la “seguridad del Estado”, equiparando la crítica pacífica con delitos comunes. Sin embargo, esta equiparación es precisamente uno de los rasgos que definen la persecución política: criminalizar la opinión para deslegitimarla. Mientras tanto, el discurso insiste en atribuir todos los males del país a factores externos, especialmente a Estados Unidos, eludiendo cualquier responsabilidad interna en la represión y el deterioro de las libertades.

La pregunta que muchos cubanos se hacen no es solo hasta cuándo se mantendrán estas mentiras, sino cuánto daño adicional causan. Negar la existencia de presos políticos no borra sus condenas ni alivia el sufrimiento de sus familias. Tampoco elimina el miedo cotidiano de quienes saben que expresar una idea distinta puede costarles la libertad.

Estas declaraciones fueron cuestionadas por el periodista Alberto Arego, quien calificó las afirmaciones de López como engañosas. Arego sostuvo que en Cuba sí existe persecución contra opositores políticos y activistas, documentada por organizaciones internacionales de derechos humanos y por testimonios de víctimas. También puso en duda la versión oficial sobre las misiones médicas, señalando que en muchos países sí median pagos y que una parte significativa de esos ingresos es retenida por el Estado cubano.

Respecto a la estabilidad y seguridad del país, Arego afirmó que el discurso oficial omite el impacto de problemas estructurales internos, como la falta de libertades civiles, la centralización económica y la ineficiencia productiva. En su análisis, atribuir la totalidad de la crisis al factor externo invisibiliza responsabilidades internas y limita la posibilidad de un debate nacional más amplio.

El contraste entre ambas posiciones refleja un debate persistente sobre la realidad cubana: mientras el discurso oficial enfatiza la resistencia, la soberanía y la presión externa, voces críticas reclaman reconocimiento de los conflictos políticos y sociales internos. En medio de una profunda crisis económica y migratoria, estas narrativas opuestas siguen marcando el pulso del debate público dentro y fuera de la Isla, teniendo en cuenta que Humberto López miente todo el tiempo.

En un contexto de crisis económica, social y migratoria sin precedentes, la insistencia en un discurso que ignora la represión cotidiana profundiza la desconfianza y el desencanto. La realidad, por más que se intente maquillar, sigue abriéndose paso en cada arresto arbitrario y en cada voz silenciada.

Fuente: Alberto Arego, periodista


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