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El rostro del abandono: Cuba deja solos a sus hijos

Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 4 de febrero de 2026

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En la Cuba de hoy, la palabra “protección social” ha perdido todo significado. Lo que alguna vez fue presentado como un sistema al servicio del trabajador y la familia se ha transformado en una maquinaria indiferente, incapaz —o sin voluntad— de garantizar lo más elemental: la supervivencia con dignidad.

Una escena vivida en La Habana es tan dura como reveladora. Una mujer y su hijo pequeño, enfrentando el frío, buscan entre los desechos aquello que el país ya no les ofrece. No es una imagen aislada ni excepcional; es el reflejo cotidiano de una sociedad empujada al límite, donde miles de familias sobreviven gracias al reciclaje, la caridad y la improvisación.

Mientras tanto, el poder político y económico se concentra en manos de unos pocos. Empresarios protegidos, funcionarios y estructuras vinculadas al régimen prosperan en medio de la escasez generalizada. El contraste es obsceno: unos acumulan privilegios, otros se hunden en la miseria. Esa desigualdad no es un accidente, es el resultado directo de un modelo que excluye a la mayoría.

El discurso oficial insiste en negar la crisis o en maquillarla con consignas vacías. Sin embargo, la realidad se abre paso en las calles, en los basureros, en los hospitales sin recursos y en los hogares donde la comida no alcanza. Trabajadores que no pueden vivir de su salario, jubilados abandonados y niños creciendo en condiciones inaceptables son hoy la norma, no la excepción.

Frente a la ausencia del Estado, la solidaridad entre cubanos se convierte en el último sostén. Personas comunes, con recursos mínimos, comparten lo poco que tienen con quienes están peor. Ese gesto humano, sencillo pero poderoso, deja en evidencia una verdad dolorosa: el pueblo cuida al pueblo, mientras el sistema mira hacia otro lado.

Cuba atraviesa una crisis profunda que ya no puede medirse solo en cifras económicas. Es una crisis moral y social, donde la vida cotidiana se vuelve una lucha constante contra el hambre, el miedo y el olvido. El abandono no es casual ni temporal; es estructural.

Mostrar lo que ocurre es una forma de resistencia y de respeto a quienes sufren. Cuba no necesita más promesas: necesita justicia, cambios reales y un futuro donde ninguna madre tenga que buscar en la basura para alimentar a su hijo.

Del perfil de La Tijera


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