Un reciente proyecto de ley en Italia ha avivado el debate sobre la tradición de asignar a los recién nacidos el apellido paterno. La iniciativa, presentada por el senador Dario Franceschini, del Partido Demócrata, busca que los bebés lleven automáticamente el apellido de su madre, lo que, según él, corregiría una "injusticia histórica" y promovería la equidad de género.
La propuesta ha sido recibida con fuertes críticas por parte de sectores conservadores. Matteo Salvini, viceprimer ministro y líder de la Liga, ironizó sobre la iniciativa en la red social X, calificándola como "una de las grandes prioridades de la izquierda italiana". Con tono sarcástico, añadió: "Borremos a los padres de la faz de la tierra y así resolveremos todos los problemas".
Por su parte, Federico Mollicone, del partido Hermanos de Italia, consideró que la medida implicaría un cambio de "patriarcado a matriarcado", aunque no descartó la posibilidad de que los niños lleven los apellidos de ambos progenitores.
En varios países europeos, como España y Portugal, es común que los hijos reciban los apellidos de ambos padres, aunque en la mayoría de los casos el del padre aparece primero. En Italia, sin embargo, la costumbre ha sido asignar exclusivamente el apellido paterno.
Este tema no es nuevo en el país. En 2022, el Tribunal Constitucional italiano declaró inconstitucional la práctica de otorgar automáticamente el apellido del padre, estableciendo que los bebés debían recibir los apellidos de ambos progenitores en un orden acordado o que los padres debían decidir cuál de los dos asignar.
A pesar de este fallo, el gobierno liderado por Giorgia Meloni, que asumió en octubre de 2022, no ha impulsado una legislación que lo implemente. Meloni, firme defensora de la familia y los valores católicos tradicionales, ha sido criticada por políticas que afectan a modelos familiares no convencionales. Entre ellas, destacan la criminalización de la gestación subrogada realizada en el extranjero y la prohibición de que padres no biológicos sean reconocidos en certificados de nacimiento.
La propuesta de Franceschini reaviva un debate que toca aspectos culturales y legales de la sociedad italiana. Mientras algunos la consideran un avance en la igualdad de género, otros la ven como un ataque a las tradiciones familiares. La discusión sigue abierta y su destino en el Parlamento es incierto.
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