Mensaje presidencial con motivo del Día de la Independencia de Cuba:
Hoy conmemoramos el Día de la Independencia de Cuba: el 124.º aniversario del nacimiento de una nación que alguna vez fue libre, forjada a través del sacrificio, el coraje y un deseo inquebrantable de libertad. Al igual que los patriotas estadounidenses que se rebelaron contra el dominio tiránico hace 250 años, la generación fundadora de Cuba se alzó contra la subyugación del Imperio Español para reclamar el mismo derecho inalienable del que gozan nuestros ciudadanos hoy: el derecho de un pueblo libre a gobernarse a sí mismo. Su historia resuena con la nuestra, y su sueño de libertad sigue siendo tan vital hoy como lo fue cuando se atrevieron a luchar por ella.
A lo largo de generaciones, el pueblo cubano ha demostrado una devoción inquebrantable a la causa de la libertad y una resiliencia de espíritu que ningún régimen —pasado o presente— ha podido extinguir. El 20 de mayo de 1902, esa visión desafiante se concretó con el establecimiento de la República de Cuba, marcando el inicio del autogobierno para nuestros vecinos insulares. El amor del pueblo cubano por la libertad, su ingenio, su arduo trabajo y su profunda fe en Dios los impulsaron durante la primera mitad del siglo XX, y hasta el día de hoy, estos valores ancestrales perduran en sus corazones.
El régimen que impera hoy en La Habana representa una traición directa a la nación por la que sus fundadores lucharon y murieron. Durante casi siete décadas, el gobierno comunista de la isla ha desmantelado violentamente la libertad política, negado al pueblo elecciones justas, silenciado brutalmente la disidencia y estrangulado la economía cubana hasta el colapso. Mientras el pueblo sufre, la élite cleptocrática del régimen ha acaparado los recursos restantes de la isla para su propio beneficio y su lujoso estilo de vida. Como toda ideología de izquierda radical, el régimen ha aniquilado cualquier esperanza de prosperidad, desterrado la noción de dignidad humana y asfixiado las esperanzas y los sueños de su pueblo. Sus líderes militares no han mostrado ningún interés en garantizar la prosperidad del pueblo cubano, centrando su atención únicamente en mantener el control y en la razón de ser del régimen: exportar violentamente el comunismo y el despotismo al extranjero.
Como Presidente, estoy tomando medidas decisivas en nombre de esta región de nuestro hemisferio, que tanto ha sufrido, y para abordar las amenazas a nuestra seguridad nacional que emanan de ella. Bajo mi liderazgo, nuestra nación está cortando los apoyos financieros que, durante demasiado tiempo, han sostenido regímenes brutales en Centroamérica y Sudamérica, financiando sus operaciones criminales y terroristas transnacionales que amenazan a Estados Unidos. En enero, nuestras increíbles Fuerzas Armadas llevaron a cabo una de las operaciones especiales más audaces e impresionantes de las últimas generaciones: la captura y extradición del narcoterrorista venezolano Nicolás Maduro. La acusación y destitución de Maduro envió un mensaje claro a sus aliados socialistas en La Habana: este es nuestro hemisferio y quienes lo desestabilicen y amenacen a Estados Unidos enfrentarán consecuencias.
Tras la incursión de Maduro, he impuesto nuevas y contundentes sanciones contra el aparato militar y de inteligencia de Cuba, así como contra quienes le brindan apoyo material y financiero, privando al régimen de recursos y a sus élites de la oportunidad de lucrarse con el sufrimiento del pueblo. Mi compromiso es inquebrantable: Estados Unidos no tolerará que un Estado canalla albergue operaciones militares, de inteligencia y terroristas extranjeras hostiles a tan solo noventa millas de su territorio, y no descansaremos hasta que el pueblo de Cuba recupere la libertad que sus antepasados lucharon con tanta valentía por establecer hace más de cien años.
En este Día de la Independencia de Cuba, nuestra República se solidariza con el pueblo cubano y con los millones de cubanoamericanos que han enriquecido profundamente la vida de nuestra nación. Muchos de ellos llegaron a estas costas sin nada, construyeron vidas extraordinarias y abrazaron con todo su corazón el estilo de vida constitucional que hace de Estados Unidos el país más grande del mundo. Hoy, los saludamos y recordamos a todos aquellos que se han sacrificado por una Cuba libre, y miramos con confianza hacia una nueva Edad de Oro para la isla y su gente.
Fuente: La Casa Blanca
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