Kendall Myers, exfuncionario del Departamento de Estado de Estados Unidos condenado por espiar para Cuba durante tres décadas, falleció a los 88 años mientras cumplía cadena perpetua en una prisión médica de Misuri. Su caso es considerado uno de los episodios de espionaje ideológico más prolongados dentro del aparato diplomático estadounidense durante la Guerra Fría y los años posteriores.
Kendall Myers, conocido en los registros de inteligencia como el “Agente 202”, murió el 12 de marzo de 2026 en un centro penitenciario médico de Springfield, Misuri, a causa de un cáncer. Su fallecimiento fue confirmado por su hija, Amanda Myers Klein, aunque no tuvo amplia difusión pública hasta ahora. El exfuncionario cumplía una condena de cadena perpetua tras ser hallado culpable de conspiración para espionaje y fraude electrónico en favor del gobierno de Cuba.
Myers desarrolló una doble vida durante más de 30 años mientras trabajaba en el Departamento de Estado de Estados Unidos. Aprovechando su acceso a información clasificada, transmitía datos sensibles a agentes cubanos mediante distintos métodos clandestinos, incluyendo comunicaciones de radio de onda corta, reuniones en el extranjero y entregas físicas de documentos en lugares cotidianos como supermercados.
Su esposa, Gwendolyn Myers, también participó activamente en la red de espionaje y fue condenada a seis años de prisión. Ambos mantenían contacto con oficiales de inteligencia cubanos en países como México, Brasil, Ecuador, Argentina y Trinidad y Tobago. En 1995 incluso llegaron a reunirse con Fidel Castro durante una visita a la isla, según registros judiciales y testimonios posteriores.
Las investigaciones revelaron que Myers comenzó su colaboración con Cuba a finales de la década de 1970, motivado principalmente por afinidades ideológicas más que por incentivos económicos. A lo largo de su carrera, ascendió dentro del Departamento de Estado hasta ocupar puestos con acceso a información de alto nivel sobre seguridad nacional y política exterior, especialmente relacionada con Europa.
El caso salió a la luz en 2009, cuando agentes del FBI lo contactaron mediante una operación encubierta haciéndose pasar por representantes de la inteligencia cubana. Myers, ya retirado, continuó mostrando disposición a colaborar. Poco después fue arrestado junto a su esposa y ambos se declararon culpables.
La magnitud del daño causado fue descrita por exfuncionarios de inteligencia como “devastadora”, debido al nivel de información confidencial al que tuvo acceso durante décadas. Además, las autoridades estadounidenses confiscaron aproximadamente 1,7 millones de dólares en ingresos acumulados durante su carrera en el servicio público.
El caso Myers sigue siendo estudiado como uno de los ejemplos más significativos de espionaje ideológico dentro del aparato diplomático estadounidense, marcado por motivaciones políticas más que financieras y por una infiltración sostenida durante gran parte de la Guerra Fría y el periodo posterior.
Fuente: INFOBAE
Foto: Periódico Cubano (Captura de pantalla © CNN – YouTube)
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