Una vez más, la "familia real" cubana demuestra su descaro y falta de escrúpulos. Mientras el pueblo sufre hambre, apagones y miseria, Lis Cuesta, la conocida "no primera dama", sigue paseándose con lujos y excesos, exhibiendo un derroche que insulta a cada cubano de a pie. La esposa del dictador no pierde oportunidad para hacer gala de su pésimo gusto y su obsesión por figurar, cual burla grotesca ante quienes no tienen qué llevar a la mesa.
La última demostración de este descaro tuvo lugar en el Congreso Internacional Pedagogía 2025, un evento supuestamente enfocado en la "educación, la ciencia y la innovación para un desarrollo humano sostenible".
Y, por supuesto, ¿quién mejor para hablar de "sostenibilidad" y "educación" que Cuesta Peraza, esa incansable promotora del "turismo cultural" y coordinadora del panel "La internacionalización de la Educación en la sociedad del conocimiento"?
Su ponencia, un "lujo intelectual" al nivel del reloj que llevó en la muñeca, fue borrada del sitio web del evento. Sin embargo, en las redes sociales quedó expuesto el Aigner Ladies Watch Dogna Silver-Gold que la modesta funcionaria del Ministerio de Cultura se compró con "su salario".
¡Nada, una bobería valorada en 549 euros! Si Aigner se publicita diciendo que "representa la artesanía, la más alta calidad y el diseño atemporal, así como el lujo, tendencia y espíritu de la moda desde 1965", son exageraciones del fabricante muniqués. No es para tanto ¡tan solo es un pequeño detalle para alguien que promueve la equidad y el desarrollo social!, seguramente un regalito de su nuera Ana de Armas.
Es repugnante ver cómo la cúpula del poder se pavonea sin el más mínimo pudor, dándose la gran vida a costa del sufrimiento de la gente. Mientras los niños carecen de leche y los hospitales colapsan por falta de insumos, la "Machi" sigue montando su show de prepotencia y ridiculez. No solo es símbolo del nepotismo y la corrupción que carcome a Cuba, sino también de la desconexión total con la realidad de un país que se desmorona.
Los Castro instauraron su dinastía y ahora los Díaz-Canel pretenden seguir el mismo camino, creyéndose intocables mientras saquean y destruyen lo poco que queda. Lis Cuesta puede seguir jugando a la realeza en su burbuja de privilegios, pero su arrogancia solo la hunde más en el desprecio de quienes realmente importan: los cubanos que luchan y resisten cada día.
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