La frágil tregua entre Estados Unidos e Irán sufrió un duro golpe tras una amplia operación militar ordenada por Washington contra instalaciones estratégicas iraníes ubicadas cerca del estrecho de Ormuz. La ofensiva, considerada la acción militar estadounidense más importante desde el alto el fuego alcanzado en abril, se produjo como respuesta al derribo de un helicóptero Apache estadounidense frente a las costas de Omán. El ataque reaviva las tensiones entre ambas potencias y genera preocupación internacional por las posibles consecuencias en una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas.
Estados Unidos lanzó una serie de bombardeos contra objetivos militares iraníes en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, en una operación que marca una nueva escalada en la confrontación entre Washington y Teherán después de varios meses de relativa calma.
De acuerdo con información difundida por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), la ofensiva estuvo dirigida contra sistemas de defensa aérea, radares de vigilancia, estaciones de control terrestre y otras instalaciones utilizadas por las fuerzas armadas iraníes. Fuentes estadounidenses citadas por medios internacionales señalaron que cerca de una veintena de objetivos fueron alcanzados durante la operación.
La Casa Blanca justificó los ataques como una respuesta directa al incidente ocurrido días atrás en el golfo de Omán, donde un helicóptero Apache estadounidense cayó al mar tras ser impactado por un dron iraní. Aunque las investigaciones sobre las circunstancias exactas del suceso continúan, la administración del presidente Donald Trump consideró que existían elementos suficientes para autorizar una respuesta militar.
La acción representa el primer gran operativo militar estadounidense desde el alto el fuego alcanzado entre ambos países el pasado 7 de abril. Aquella tregua había sido presentada como una oportunidad para abrir negociaciones orientadas a reducir las tensiones y buscar una solución diplomática a las disputas relacionadas con el programa nuclear iraní y la seguridad regional.
Sin embargo, las conversaciones se fueron debilitando con el paso de las semanas debido a profundas diferencias entre ambas partes. Funcionarios estadounidenses e iraníes habían reconocido recientemente que las posibilidades de alcanzar un acuerdo duradero eran cada vez más limitadas.
Tras los bombardeos, Irán lanzó una serie de misiles y drones en respuesta. Según evaluaciones preliminares del Pentágono, la mayoría de esos proyectiles fueron interceptados y no se reportaron víctimas estadounidenses ni daños relevantes en instalaciones militares.
Por su parte, medios estatales iraníes denunciaron que algunos de los ataques estadounidenses habrían afectado infraestructuras civiles en la provincia de Hormozgán, incluyendo depósitos de agua utilizados para abastecer a comunidades locales. Las autoridades iraníes acusaron a Washington de ampliar el alcance de la confrontación más allá de objetivos estrictamente militares.
La situación vuelve a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de la atención internacional. Por esa vía marítima transita una parte significativa del petróleo y gas que se comercializa en el mundo, por lo que cualquier incremento de las tensiones militares en la zona genera inquietud en los mercados energéticos y entre los principales actores internacionales.
Mientras ambos gobiernos intercambian acusaciones y mantienen posiciones firmes, crece la preocupación sobre la posibilidad de una nueva escalada militar que complique aún más la estabilidad de Medio Oriente.
Fuentes: U.S. Central Command
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