La Habana ha visto cómo sus escuelas quedaron en silencio antes de lo previsto tras la decisión de adelantar el fin del curso escolar debido a la grave crisis energética que atraviesa el país, una medida que ha alterado la rutina de miles de familias en la isla.
Según reportes recogidos por la agencia EFE, la ministra de Educación, Naima Trujillo, había señalado inicialmente que el cierre del ciclo escolar se realizaría de forma gradual entre el 15 y el 30 de junio. Sin embargo, las condiciones reales del país aceleraron el proceso y obligaron a un cierre anticipado en numerosos centros educativos.
En los patios escolares de La Habana, la escena es ahora inusual: ausencia de estudiantes, suspensión de actividades docentes y un ambiente marcado por la falta de transporte, electricidad y recursos básicos. La situación ha obligado a reorganizar la vida familiar de manera improvisada, con niños que pasan a estar bajo el cuidado de abuelos u otros familiares durante el día.
Amalia Acosta, una habanera de 65 años citada por EFE, explicó que cuida a su nieto de 10 años tras el cierre anticipado de la escuela. “Ya estamos disfrutando de estas vacaciones apresuradas”, comentó, al tiempo que describió un proceso de evaluaciones finales realizado en condiciones complejas, sin electricidad ni acceso estable a internet.
El impacto de la crisis no se limita al cierre de las escuelas. Padres y tutores señalan que los apagones prolongados, que en algunos casos alcanzan más de 20 horas diarias, dificultan el descanso de los niños y afectan su rendimiento y asistencia. A esto se suma la inestabilidad del transporte público, que complica la llegada de estudiantes y docentes a los centros educativos.
La propia dinámica del sistema escolar también se ha visto afectada por la falta de personal. Según datos recopilados por EFE al inicio del curso, ninguna provincia cubana logró cubrir el 100 % de las plazas docentes, con déficits especialmente notorios en territorios como La Habana y Sancti Spíritus, donde aproximadamente una de cada tres posiciones quedó sin cubrir.
La escasez de profesores se relaciona, en gran medida, con los bajos salarios del sector estatal y con la migración de profesionales hacia otros sectores o fuera del país. Esta situación ha generado una presión adicional sobre un sistema educativo que ya venía enfrentando limitaciones estructurales.
Otra residente consultada por EFE, Norki Rigondeaux, de 57 años, resumió la situación con crudeza al señalar que “no hay luz, no hay agua, no hay nada”, en referencia a las condiciones que afectan la vida cotidiana y el funcionamiento de las escuelas.
La crisis energética, que se ha intensificado desde mediados de 2024, ha tenido un impacto transversal en la economía cubana, afectando el transporte, la producción industrial y los servicios básicos. En ese contexto, el sistema educativo, uno de los pilares históricos del país, ha sido uno de los sectores más afectados.
Organismos internacionales como la Unesco han advertido sobre los riesgos de esta situación. Su representación en La Habana alertó recientemente que la crisis energética pone en peligro el proceso de aprendizaje y el desarrollo de una generación completa de estudiantes en Cuba, con posibles consecuencias a largo plazo.
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