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Valla de Díaz Canel vandalizada en Santiago de Cuba en otra noche de apagón

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 24 de enero de 2026

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Un cartel de gran formato con la imagen de Miguel Díaz-Canel amaneció cubierto de pintura negra en una concurrida intersección de Santiago de Cuba, justo en una noche marcada por otro apagón. No es un hecho aislado: es la segunda vez que la misma valla es intervenida. Más que un acto de vandalismo, muchos lo interpretan como un gesto simbólico que resume el estado de ánimo de gran parte de la ciudadanía: cansancio, frustración y ruptura con el discurso oficial.

La reacción no se hizo esperar. Según reportes de comunicadores independientes, el despliegue de fuerzas de seguridad fue inmediato y visible, contrastando con la lentitud —o ausencia— de respuestas ante los problemas cotidianos que golpean a la población: cortes eléctricos prolongados, escasez de alimentos, inflación y deterioro de los servicios básicos. Esa asimetría alimenta la percepción de que se protege más la imagen del poder que el bienestar de la gente.

Para muchos, la pintura negra no solo cubrió un rostro en una valla; también marcó una grieta en la narrativa triunfalista que intenta sostenerse en medio de la crisis. “Mientras el país se apaga, el descontento se enciende”, dijo un activista al referirse al hecho. La frase resume una sensación extendida: la protesta busca nuevos lenguajes cuando los espacios formales para expresarse están cerrados o son penalizados.

Estas acciones forman parte de un fenómeno más amplio de protesta simbólica que se ha visto en distintas provincias. Desde grafitis hasta la intervención de carteles propagandísticos, los mensajes apuntan a cuestionar figuras y consignas del poder. En redes sociales, líderes opositores y colectivos cívicos han llamado abiertamente a documentar y multiplicar estas expresiones, presentándolas como una forma pacífica de participación y visibilización del descontento.

La estrategia es clara: intervenir símbolos para disputar el relato. En contextos donde las manifestaciones públicas son ser reprimidas, la protesta se desplaza hacia gestos breves, anónimos y altamente visibles. Un cartel manchado puede durar poco antes de ser retirado, pero su imagen circula rápido y deja huella en la conversación pública.

También hay riesgos. Quienes participan en estas acciones enfrentan represalias, vigilancia y procesos legales. Aun así, el fenómeno persiste, lo que sugiere que el costo del silencio comienza a percibirse como más alto que el de la denuncia simbólica.

El episodio de Santiago no explica por sí solo la complejidad del momento cubano, pero funciona como termómetro social. Cuando los apagones se repiten y las promesas no alcanzan, los muros y las vallas se convierten en pizarras de inconformidad. No es solo pintura: es un mensaje que busca decir, en pocas palabras y con alto impacto visual, que algo no está funcionando y que cada vez más personas quieren hacerlo visible.

Fuente: Periódico Cubano


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