Un implante cerebral logra recuperar la visión a un paciente ciego por daño en el nervio óptico
Redacción de CubitaNOW ~ martes 3 de febrero de 2026
Un ensayo científico desarrollado en la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, en la provincia de Alicante, en España, ha logrado un resultado inesperado y alentador: un hombre que había perdido completamente la vista a causa de una lesión en el nervio óptico consiguió recuperar percepciones visuales básicas gracias a un implante colocado directamente en la corteza visual del cerebro.
El protagonista es Miguel Terol, quien quedó ciego en 2018 tras sufrir una neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, una patología provocada por la falta de riego sanguíneo al nervio óptico. Tras perder primero la visión de un ojo y, semanas después, del otro, fue informado de un ensayo experimental que buscaba estimular directamente el cerebro para inducir sensaciones visuales.
En junio de 2022, Terol se sometió a una intervención quirúrgica en la que se le implantó una matriz de 100 microelectrodos, de apenas 4 por 4 milímetros, en la corteza visual primaria, situada en la zona posterior del cráneo. El objetivo del estudio no era devolver la visión, sino comprobar la seguridad y viabilidad de una prótesis visual basada en neuroestimulación.
Sin embargo, apenas dos días después de la operación, el paciente comenzó a percibir estímulos reales. “No veía luces abstractas, veía lo que tenía delante”, explica Eduardo Fernández, director del Instituto de Bioingeniería de la UMH y responsable del estudio, cuyos resultados se han publicado en la revista Brain Communications. El equipo confirmó mediante pruebas que Terol había recuperado parte de su capacidad de percepción visual.
Durante seis meses, el paciente entrenó el sistema entre tres y cuatro horas diarias. El implante estaba conectado a unas gafas que actuaban como un ojo artificial, captando imágenes y transformándolas en señales eléctricas comprensibles para el cerebro. Gracias a este proceso, Terol fue capaz de percibir la luz, detectar movimientos, distinguir objetos cotidianos e incluso reconocer letras de gran tamaño en una pantalla.
Lo más llamativo llegó después. Tras finalizar el ensayo, los médicos retiraron el implante, convencidos de que las mejoras desaparecerían. Sin embargo, tres años después, Terol conserva parte de esas capacidades visuales. Aunque reconoce que no ve como antes, sigue percibiendo formas, movimientos y contrastes, algo que los investigadores no esperaban.
“Todavía no sabemos con certeza qué ha ocurrido”, admite Fernández. El estudio incluyó a otros tres pacientes, pero ninguno presentó una evolución similar. Una de las hipótesis es que el tiempo relativamente corto de ceguera —unos tres años— haya facilitado una mayor plasticidad cerebral, favorecida por la estimulación eléctrica. Estudios previos en animales respaldan la idea de que este tipo de estimulación puede inducir cambios neuroquímicos que ayuden a la reorganización del cerebro.
El ensayo entra ahora en una nueva fase con más participantes, aunque los investigadores insisten en la cautela. Aun así, el caso abre la puerta a nuevas aproximaciones terapéuticas, no solo para la ceguera, sino también para otras patologías neurológicas como el ictus o las lesiones sensoriales graves. Para Terol, la experiencia ha valido la pena: asegura que volvería a someterse a la intervención y se muestra orgulloso de haber contribuido a un avance que podría cambiar el futuro de muchos pacientes.
(Con información de El País)