Oscar Pérez-Oliva podría ser el 'Delcy Rodríguez' de Cuba
Redacción de CubitaNOW ~ jueves 8 de enero de 2026
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses no solo cerró un capítulo en Venezuela: reordenó el mapa político de la región. En pocos días, figuras que antes desafiaban abiertamente a Washington —como Delcy Rodríguez— pasaron a moverse con otra lógica: menos retórica y más cumplimiento de líneas marcadas desde el entorno de Donald Trump y Marco Rubio, que empujan una transición escalonada para desmontar el chavismo sin provocar un estallido interno. Antiguos adversarios de Estados Unidos, ahora, parecen cooperar para conservar cuotas de poder bajo un marco de vigilancia y supervisión internacional.
Ese giro, del discurso combativo a la disciplina pragmática, encendió alarmas en La Habana. Mientras Cuba atraviesa una de sus peores crisis económicas en décadas —apagones, inflación y un Estado exhausto—, en círculos políticos de Washington comienza a hablarse con menos rodeos de un siguiente objetivo: forzar una salida controlada en la isla, sin necesidad de intervención militar directa.
En ese contexto aparece un nombre que no es popular para el gran público, pero sí conocido en el poder real: Oscar Pérez-Oliva Fraga. Con 54 años, ingeniero electrónico y hoy viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, su ascenso no se lee como casual dentro del sistema. A su favor juega un dato decisivo en la estructura del castrismo: es sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro, un parentesco que, en Cuba, pesa tanto como cualquier currículo.
A diferencia de figuras como Díaz-Canel o Marrero, Pérez-Oliva ha mantenido un perfil bajo, más asociado a oficinas, contratos y gestión económica que a consignas y tribunas. Durante años se movió en áreas sensibles del aparato financiero estatal, con pasos por Maquimport y luego por la Zona Especial de Desarrollo Mariel, vinculadas al entramado que durante mucho tiempo orbitó alrededor de GAESA y del fallecido Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, considerado el arquitecto del emporio económico militar. Ese recorrido lo colocó como un cuadro útil: leal al clan y funcional al mecanismo que sostiene al régimen.
Para algunos observadores, su figura encaja en un posible libreto: presentar una cara “técnica” y menos desgastada para negociar lo indispensable si el sistema entra en fase terminal. El espejo venezolano es evidente: tras la salida de Maduro, ciertos jerarcas bajaron el tono, aceptaron supervisión externa y se adaptaron para preservar estructuras y recursos.
Con Raúl Castro aún influyendo desde las sombras, el ascenso de Pérez-Oliva responde a una lógica conocida: mantener el mando dentro del círculo familiar, pero con un rostro más “negociable” hacia afuera. La pregunta que flota en el ambiente diplomático es simple y pesada a la vez: ¿quién hablará por Cuba cuando hablar deje de ser opcional? Y, cada vez más, el mismo nombre vuelve a aparecer.