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Relojes de lujo y ropa de diseñador, privilegios de la cúpula en Cuba

Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 28 de enero de 2026

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En los últimos días, una imagen ha generado indignación entre los cubanos y quienes siguen de cerca la realidad de la Isla: el presidente fue visto luciendo un Maurice Lacroix Aikon Automático, un reloj cuyo valor supera los 3,700 dólares. En un país donde la mayoría de la población lucha por cubrir necesidades básicas como la leche para los niños o el pan diario, gestos como este resultan no solo llamativos, sino profundamente ofensivos. La pregunta que surge es inevitable: ¿cuánto tiempo tendría que trabajar un médico, un ingeniero o cualquier trabajador cubano promedio, sin gastar un solo peso, para poder costearse un lujo como ese? La respuesta es escalofriante. No le alcanzaría la vida.

Pero este caso no es aislado. A lo largo de los años, hemos visto cómo ciertos líderes y sus círculos cercanos muestran un estilo de vida que parece estar en otra dimensión, lejos de la realidad del cubano común. Lis Cuesta, por ejemplo, ha sido fotografiada con vestimentas que combinan marcas y diseños exclusivos, reflejando un acceso privilegiado a bienes que para la mayoría resultan inalcanzables. Mientras la población espera en largas colas por productos de primera necesidad, la ropa de algunos de quienes representan el poder se convierte en símbolo de un desbalance ético y social que no puede ser ignorado.

Otro ejemplo llamativo es el hijo de la propia "machi", quien vive en Madrid y se presenta públicamente como un dandy, con atuendos cuidadosamente seleccionados y un estilo de vida que evidencia aún más la distancia entre la élite política y la ciudadanía cubana. Este contraste no es solo visual: es un reflejo de la desigualdad estructural que se mantiene y se amplifica con cada gesto ostentoso, con cada viaje, con cada accesorio de lujo que se exhibe públicamente mientras el pueblo sigue lidiando con restricciones básicas y dificultades diarias.

Ni qué decir de Sandro Castro, que aunque viste normal, está acompañado de todo tipo de lujos entre carros modernos y discotecas a las que el cubano de a pie no puede entrar.

Estos casos plantean una reflexión profunda sobre los valores que se promueven desde quienes deberían dar el ejemplo; o sea, existe una incomunicación total entre gobierno y pueblo. Cuando el presidente y su entorno cercano viven rodeados de opulencia, mientras millones de cubanos enfrentan penurias, la brecha entre la población y la clase política deja de ser un simple distanciamiento: se convierte en un muro infranqueable de desigualdad. La ciudadanía necesita cuestionar estas diferencias y exigir coherencia entre el discurso oficial y las acciones de quienes gobiernan.

No se trata únicamente de un reloj o de un guardarropa caro. Se trata de justicia social, de ética y de liderazgo responsable. Es hora de abrir los ojos y reconocer que estos privilegios son un reflejo de un sistema que necesita cambios urgentes. El lujo exhibido por unos pocos no puede ser la norma mientras la mayoría lucha por lo esencial.

El momento de actuar es ahora. No podemos permitir que la indiferencia siga marcando la pauta. Cada reloj de miles de dólares, cada atuendo de diseñador, cada viaje ostentoso debería recordarnos la responsabilidad que tienen los líderes ante su pueblo. La pregunta final es clara: ¿cuándo nos atreveremos a exigir coherencia y justicia?

Del perfil de Irma Broek 


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