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'No estoy para competir con Mandela'

Roberto Céspedes - domingo 13 de noviembre de 2022

Miami, Estados Unidos, Cuba

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Foto: Wikipedia

Una madrugada de octubre de 1984 un carcelero zarandeó en su camastro a Mario Chanes de Armas para llevarlo ante el capitán de la prisión. El oficial le daría la peor noticia de su vida: "Su hijo ha muerto". La jefatura de la cárcel le ofrecía un permiso para asistir al sepelio con una sola condición: vestir el uniforme de reo en lugar del pijama que usaba desde hacía 23 años en señal de protesta contra "la reeducación carcelaria comunista".

Al día siguiente se repitió el ofrecimiento. Chanes no asistió a los funerales. Cuando nació su hijo en 1962, Chanes ya llevaba un año en la cárcel. Después de su muerte todavía tendrían que pasar otros 8 años antes de que recobrara la libertad. Estando tras las rejas también fallecieron su madre, su padre y un hermano. Son demasiadas fechas, en ocasiones ya no las recuerda bien. En total estuvo prisionero tres décadas exactas: de julio de 1961 a julio de 1991, tres años más que el luchador antiapartheid Nelson Mandela. Fue el prisionero político más antiguo del mundo.

Hasta poco antes de su detención la vida de Mario Chanes de Armas había estado indisolublemente ligada a Fidel Castro. En 1953 participó en el frustrado asalto al Cuartel Moncada, la segunda fortaleza del régimen de Fulgencio Batista. Cinco días después fue detenido junto a Castro cerca de la Sierra Maestra. Por esa acción compartió 21 meses de prisión con el entonces joven abogado cubano hasta la amnistía gubernamental de 1955. Luego se le unió en México, y a fines de 1956 abordaron juntos en Tuxpan el yate Granma con el propósito de liberar a Cuba de Batista.

Un año después, mientras Castro comandaba la guerra de guerrillas, Chanes era jefe de una temible célula clandestina que realizaba atentados y sabotajes en La Habana. A fines de 1958 fue capturado por la Policía, pero esa vez la prisión duró sólo dos meses: tras la fuga de Batista el 31 de diciembre su antiguo jefe asumía los destinos de Cuba.

El entusiasmo le duró a Chanes muy poco. En mayo de 1959 ya estaba desencantado de la Revolución. Dice que se horrorizó al presenciar cómo los comunistas, de quienes siempre desconfió, se repartían cargos en el nuevo Gobierno. Retirado a trabajar en la cervecería Polar, Chanes no se escondía para criticar a sus antiguos jefes del Moncada. A su alrededor se movían conspiradores que planeaban sabotajes, acciones armadas y atentados. Tras ser detenido junto a su hermano Francisco y a una decena de opositores anticastristas, a Chanes se le acusó de planear una acción para ejecutar a Castro y al dirigente comunista Carlos Rafael Rodríguez.

La Fiscalía sostuvo que los complotados se preparaban para ultimar a Castro con un fusil de mira telescópica cuando asistiera a casa de su secretaria y confidente Celia Sánchez, en el barrio habanero del Vedado. Detrás del plan, insistió la acusación, estaba la mano de la CIA. A partir de ese momento Mario Chanes fue suprimido de la historiografía revolucionaria cubana. Hasta de las fotos lo borraron.



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De baja estatura y con tendencia a la rigidez, Chanes economiza palabras al abordar el tema de la conspiración; no es algo de lo que precisamente le guste hablar. Niega haber participado en el complot, aunque reconoce que "sabía que estaban conspirando" contra Castro. Recalca que nunca conoció de planes concretos de asesinato. Durante 40 años ha mantenido la misma posición. ¿Por qué una sentencia tan implacable entonces? Chanes y otros ex presos políticos sostienen que por medio de los fusilamientos y los encierros de por vida Castro y sus aliados despejaban el camino de obstáculos, en especial de combatientes desencantados, hacia "el poder totalitario". Al mismo tiempo, razonan, enviaban "un mensaje de terror" a la ciudadanía sobre los costos impagables de la oposición.

Desde 1993 Mario Chanes vive en Miami. Está retirado y solo (al caer en prisión le pidió a su esposa que se casara con otro hombre para que cuidara de su hijo). Sus amigos son los ex compañeros de encierro en Cuba. Algunos de ellos, como Ángel de Fana (22 años de cárcel) y Eusebio Peñalver (28 años de cárcel, ya fallecido) tienen familias, negocios, han tratado de reconstruir sus mundos después de un paréntesis de media vida. A Chanes le ha sido más difícil. "Desgraciadamente yo perdí mi futuro", dice con voz ronca, en un esfuerzo por sonar convincente. Y repite palabras como dignidad, resistencia, decoro. Quizás nadie dude de que sea un irreductible, pero también es un hombre triste, solitario, apagado. 

-¿Cuándo se vinculó a Fidel Castro?

Después del golpe de Estado de Batista el 10 de marzo de 1952. Hasta ese momento yo era dirigente y fundador de un sindicato de comercio en el que no participaban comunistas. Cuando me presentan a Fidel ya yo estaba organizando células secretas de entrenamiento militar para combatir a Batista. En ese tiempo quien más condenaba a la dictadura de Stalin era precisamente Fidel. 

-¿Qué pasó durante el asalto al cuartel militar Moncada?

El ataque fracasó, dejamos allí decenas de muertos, muchos asesinados por el Gobierno. Yo iba en el tercer carro de la comitiva asaltante, detrás del carro de Fidel. Durante la balacera recibí un tiro superficial en una mano. Hay personas que dicen que Castro no tomó parte en el tiroteo, pero eso no es exacto. Recuerdo que me estaba protegiendo de las balas detrás de un carro cuando oigo una voz detrás de mí que grita: "¡Retirada, retirada!". Entonces me viro y era Fidel con su escopeta levantada. 

-¿Cuándo fueron capturados?

Huimos a las montañas de Santiago de Cuba un grupo de ocho hombres, incluyendo a Fidel Castro. Vagando por la zona tuve la primera discusión con él cuando nos planteó a cinco de nosotros que nos entregáramos para así confundir al ejército y poder escapar. Nos dijo que salvarlo a él era salvar la Revolución. La rendición se haría por medio del Arzobispo de Santiago de Cuba (Enrique Pérez Serantes), y Fidel quería que diéramos indicaciones falsas a los batistianos para poder huir con otros dos hombres. Yo me le encaré, le dije que no había ido a la batalla para entregarme, pero todo el mundo sabe que él tiene bastante carisma y al final le obedecimos correctamente.

Arreglada la rendición, el día de la entrega nos levantamos muy temprano, nos abrazamos y nos dividimos en dos grupos: el nuestro y el de Fidel. Nosotros avanzamos hacia los guardias y Fidel se fue en otra dirección. Cuando los soldados nos ven empiezan a disparar al aire en señal de triunfo, fue tremenda balacera. Luego hay una declaración de Fidel que dice que él fue detenido mientras dormía. ¿Cómo iba a estar durmiendo si se acababa de despedir de nosotros? 

-¿Qué pasó después?

A Fidel lo condenaron a 15 años y mí y a otros a 10, pero sólo estuvimos unos pocos meses gracias a la amnistía del Gobierno. Fidel se fue a México primero y luego yo me reuní con él en 1956. A fines de noviembre tomamos el yate Granma y regresamos a Cuba otra vez. Tras el desembarco hubo una emboscada del Ejército que casi desarticula el movimiento... Déjeme decirle algo: si bien es cierto que Castro peleó bien en el Moncada, en la emboscada del 5 de diciembre de 1956 en Alegría de Pío él y todos los que le acompañaban en el Estado Mayor escaparon sin dar siquiera una orden a nadie. El único que quedó ahí, herido a sedal en el cuello, fue el Che Guevara.

Yo pude escapar y llegué a La Habana con otro compañero. En la capital me nombraron jefe de grupos de acción para entrenar hombres y realizar atentados. En octubre de 1958 me detuvo el Servicio de Inteligencia Naval, el teniente (Julio) Laurent, que mató a muchos compañeros. Creo que ahora también está viviendo en Miami, pero no quiero saber nada de ese individuo. Lo cierto es que cuando descubrieron mi verdadera identidad se dieron banquete dándome patadas. Estuve en prisión dos meses, porque la Revolución triunfó el 1 de enero de 1959. 

-¿Qué hizo después de enero del 59?

Fui durante un mes Comandante en Jefe de la Policía Motorizada de Marianao, pero renuncié y me fui a trabajar en comedores populares hasta el 1 de mayo de ese año, cuando empecé en la cervecería Polar. En ese momento dejé de tener vínculo alguno con el Gobierno. 

 -¿Por qué se desencantó tan rápido?

Porque vi que los que hicieron la Revolución rápidamente eran desplazados por elementos comunistas. Aquello fue una traición. Por ejemplo, para ver a Ramiro Valdés, a quien yo conocía desde el Moncada, la forma más rápida era a través del hermano de un individuo comunista, ¡imagínese usted! 

-¿Cuándo comenzó a conspirar contra Castro?

Yo no conspiré, sino que sabía que conspiraban, ¿bien? Alguna gente de esos grupos quería que yo me incorporara, pero recuerdo que una vez, después de Girón (1961), les di el siguiente consejo: "La Revolución ha sido traicionada, es verdad, pero no se levanten en armas, dedíquense a trabajar o váyanse del país”.

En uno de esos grupos había dos compañeros del Moncada infiltrados que dijeron que yo sabía de la conspiración. Esas personas me dan vergüenza, no quiero ni decir sus nombres, me denunciaron injustamente porque yo jamás tuve nada que ver con la conspiración. 

-¿Qué acciones estaban planeando?

Ellos estaban preparando acciones, boberías, cosas de esas. A los pocos días de aquel consejo me detuvieron. 

-El régimen cubano afirma que usted fue condenado por participar en planes de atentado contra Castro. ¿Participó en esos planes?

Yo sabía lo que estaban haciendo esos grupos, que estaban conspirando contra el Gobierno, pero nunca tuve nada que ver con ellos. 

-Pero usted sabía de esos planes de atentados.

Planes concretos, concretos, no. Pero de intenciones... sí. Me condenaron a 30 años y cumplí hasta el último día. Me sentenciaron sin tener pruebas, sin que hubiera derramamiento de sangre, sin estar alzado, sin tener explosivos, sin comprobar una reunión conspirativa, sólo por estar en desacuerdo con lo que estaba haciendo la dictadura. 

-¿Cómo se puede aguantar 30 años en una cárcel?

Cuando cumples con tu deber, cuando luchas por una causa justa, si tienes que dar la vida la das. De lo contrario, al mirarte en el espejo sientes repugnancia de ti mismo. Algunos compañeros nuestros perdieron la razón, algunos pocos se mataron, otros resistimos. Nunca daremos la bienvenida a la cárcel, pero lo importante es sentirse bien con la conciencia, aguantar con dignidad. 

-¿Cuál fue el peor día de la prisión?

Cuando me enteré de la muerte de mi hijo, quien había nacido en 1962, un año después de entrar yo a la cárcel. El murió el 31 de octubre de 1984. Tenía 22 años. 

-¿Le dejaron ir al entierro?

En la cárcel pasaban cosas muy duras. Muchos presos se enteraban de la muerte de sus familiares varios días después a través de telegramas. En otros casos, los detenidos que recibían visitas les gritaban a los otros: "Oye, fulano, enterraron a tu madre el otro día", y entonces oías una voz que respondía: "Ay, chico, pero ¿cómo es eso?".

A mí me mandaron a buscar en la madrugada para avisarme de que mi hijo había muerto y que estaban dispuestos a dejarme ir al sepelio. Yo dejé que el capitán terminara de hablar...ese fue un momento un poquitico duro. Le pregunté cuáles eran las condiciones y él dijo que tenía que ponerme el uniforme de la prisión en lugar del pijama que usaba como símbolo de protesta. No le respondí, viré la espalda y me fui a la celda. Al día siguiente toda la plana mayor de la cárcel me citó para decirme lo mismo. Les contesté que sus condiciones eran inaceptables. 

-¿De qué murió su hijo?

De adenoides. Yo no entiendo nada de medicina, pero los médicos de la prisión me dijeron que era una operación muy sencilla, que hasta a los niños se la hacen. No sé que pasó. Le pusieron la careta (de la anestesia) y ahí se murió. Ese fue mi único hijo. 

-¿Tiene esposa ahora?

No, cuando entré a prisión yo le exigí a ella que tenía que divorciarse y casarse para cuidar a nuestro hijo. 

-¿Cómo fue el día de su liberación?

El día antes me llevaron a Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado, para soltarme. Yo era el último preso de los históricos. Me llevaron a casa de un ex preso, Julio Ruiz, porque la casa de mi madre llevaba 10 años cerrada, desde su muerte. Cuando salí a la calle sentí una gran depresión, veía a la gente en las colas, fue terrible. 



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-Entonces viajó a Miami...

No, no…el Gobierno me impidió salir del país durante otros dos años a pesar de las gestiones de autoridades de Costa Rica y Chile. 

-Eloy Gutiérrez Menoyo, quien pasó 22 años en las cárceles cubanas, a veces habla con Fidel Castro. ¿Podría usted hacerlo?

No, no tendría absolutamente nada que decir. Me daría asco verlo. 

-Entonces no podría intentar esa reconciliación de la que tanto se habla para la Cuba futura...

Yo podría hacerlo hasta con mis carceleros, aunque cometieron un error que yo no hubiera cometido, pues los habría tratado como seres humanos. Podría reconciliarme con la gente que se equivocó de buena fe, que pensaba que hacía el bien, pero nunca con las personas que cometieron crímenes. 

-Mandela, que estuvo 27 años en prisión, es un gran ejemplo para el mundo. Pero a usted nadie lo conoce. ¿No le molesta eso?

Ningún pesar, no estoy aquí para competir con nadie. Es cierto, alrededor de la gente con tendencias comunistas enseguida hay propaganda, se le reconoce. Pero a los del lado de acá, a los que hemos defendido la democracia, cuesta trabajo que nos defiendan. Respecto a Mandela, sólo le haría una pregunta: "¿Quiere usted para su país lo que nosotros tenemos en Cuba?". Yo realmente no se lo desearía. 

-Usted ha perdido sus mejores años en prisión...

No lo veo así, lo que siento es la vida que perdieron mis compañeros fusilados y los muertos que dejé en la cárcel, yo no. 

-A los 73 años, ¿tiene alguna esperanza de volver a pisar Cuba?

Jamás he perdido la fe, la esperanza de regresar. Estoy convencido de que moriré allá. Pero hay algo más importante: tengo el deber de hablarle a la juventud, a los estudiantes, explicarles qué fue la prisión con el propósito de que nunca más haya en Cuba un preso político. Desgraciadamente yo perdí mi futuro. Dios quiera que nadie pase jamás por lo que nos tocó sufrir a nosotros.

 

*Mario Chanes fue uno de los presos políticos del Siglo XX que más tiempo pasó en una cárcel cubana: 30 años exactos, más que el propio Nelson Mandela.

Compañero cercano de Fidel Castro durante el asalto al cuartel Moncada, la prisión y el yate Granma, muy tempranamente se desencantó del curso pro comunista que tomaba la joven revolución. En 1961 un tribunal lo condenó por intentar asesinar a Castro, algo que siempre negó. Tras las rejas Chanes se convirtió en una de las figuras emblemáticas del movimiento “Plantados”. Murió en 2007 en Hialeah.

*Esta entrevista fue publicada originalmente en el diario mexicano Reforma en el año 2000. 


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