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¿Por qué Cuba pudo desarrollar cinco candidatos vacunales?

Por Ernesto Morales - miércoles 23 de junio de 2021

Ciencia y Salud, Cuba

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Por la misma razón que la extinta URSS pudo desarrollar su programa espacial en medio de enormes carencias económicas durante la Guerra Fría. Por la misma razón que Corea del Norte logró en secreto desarrollar armas nucleares en los años '90, sin importar la hambruna que, según datos fiables, provocó millón y medio de personas muertas por falta de alimentos.

En esto, la dictaduras tienen un factor de enorme ventaja: no existen las ataduras morales o legales.

Un país gobernado sin los 'molestos códigos morales' que impone la civilización, y puede experimentar con su pueblo como en un enorme laboratorio donde todo vale, es capaz de proezas que no habrían sigo posibles en condiciones de respeto cívico.

Los médicos alemanes tuvieron en Auschwitz-Birkenau un centro de experimentación como nunca antes o nunca después ha tenido científico alguno. Podían pinchar los ojos de judíos en su búsqueda por transformarles el color hacia el azul. Podían coser y descoser literalmente a gemelos. Podían dar rienda suelta a sus experimentos más surrealistas. Tenían la materia humana, y no tenían el freno de la ley y la dignidad.

Para colmo, la ferocidad de los soldados alemanes y la razón por la que podían avanzar días enteros sin dormir no era porque eran superiores: era porque los nazis les daban metanfetaminas. No había límites morales.

A mí, personalmente, me dijo por teléfono en 2011 Alejandro Cao de Benós (ese pintoresco portavoz de Corea del Norte en Occidente) que quienes murieron de hambre en los '90 eran patriotas que con su sacrificio permitieron lograr las armas nucleares que ahora tenía la dinastía Kim.

Cuando Cuba experimenta sus ensayos vacunales con dos millones y medio de almas, sin supervisión independiente, sin haber publicado siquiera los resultados de sus fases 1 y 2, y sin que la prensa haga su trabajo de investigar las consecuencias biológicas de esos ensayos en la población, nos recuerda cuán útil puede ser el totalitarismo para alcanzar méritos científicos.

Yo aplaudo y aplaudiré las vacunas que protejan a los cubanos, me sobra repetirlo, y he dicho que ahora veremos si los científicos y organizaciones internacionales avalan los datos de eficacia ofrecidos a última hora y sin historial de transparencia. Y quiero, quiero de todo corazón que esas vacunas sean así de eficientes. Y creo, por supuesto, que sí hay científicos brillantes en aquellos laboratorios, no tengo duda ninguna sobre eso. Pero pongamos todo en contexto, que todo eso tiene también un costo público enorme y encierra una trampa moral.

Encerrando a los cubanos indefinidamente y doblegando a los pocos rebeldes a base de multas y sanciones; evitando que se protejan con otras vacunas que el mecanismo Covax de la OMS pudo desde hace meses suministrar; y ensayando con tus candidatos como si ya fueran vacunas probadas, convengamos que se juega con una ventaja muy sucia.

Cuando no te importan las consecuencias sociales de seguir con una economía estatizada y rijosa, cuando impides el florecimiento de libertades individuales; cuando no eres tú quien sufre que las farmacias estén vacías de aspirina y condones y todo lo imaginable; cuando no tienes que dar explicaciones a la prensa por tus desmanes o procedimientos, sospecho que es más fácil destinar tus recursos a lo que mejor te parezca, aunque en ciertos casos (como este) sea algo que también valga la pena.


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