'Basta ya, Cuba pa la calle', mensaje en el Malecón que despierta a La Habana
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 24 de enero de 2026
La Habana amaneció con una señal imposible de ignorar. En el muro del Malecón, uno de los espacios más simbólicos y vigilados de la capital, apareció un mensaje de protesta atribuido al movimiento Clandestinos de Cuba Primero. No fue una multitud en las calles ni una manifestación abierta, pero sí un gesto directo, visible y cargado de significado: incluso bajo el control más estricto, la inconformidad encuentra cómo hacerse notar.
Las imágenes difundidas por el propio grupo muestran consignas contra el régimen y un llamado a la movilización ciudadana, en medio de una crisis que se profundiza con apagones prolongados, escasez de alimentos, represión y una sensación generalizada de estancamiento. El mensaje no surge en el vacío; responde a una realidad cotidiana que empuja a muchos a buscar formas, por pequeñas que parezcan, de expresar el hartazgo acumulado.
El Malecón no es solo un muro frente al mar. Es un escenario histórico donde, en distintos momentos, la tensión social ha salido a la superficie. Que vuelva a ser utilizado como tribuna clandestina en 2026 tiene un peso simbólico claro: la protesta ya no se limita a conversaciones privadas o publicaciones en redes, también ocupa espacios físicos, visibles, donde pasa todo el mundo. Es una disputa por el relato y por el espacio público.
Estas acciones, rápidas y encubiertas, revelan una estrategia de bajo costo y alto impacto. No necesitan convocatorias masivas ni largas permanencias; basta con marcar el símbolo, documentarlo y hacerlo circular. La imagen viaja, el mensaje se multiplica y el acto, aunque efímero, deja huella en la conversación nacional e internacional.
Hasta el momento no se ha informado de arrestos vinculados directamente con este hecho, pero la ausencia de datos no reduce su alcance. En un contexto donde la vigilancia es constante, cada intervención de este tipo implica riesgo, y precisamente por eso su carga política es mayor. No es solo lo que se escribe en el muro, sino la decisión de hacerlo.
Lo ocurrido en el Malecón se suma a una cadena de protestas simbólicas que se repiten en varias provincias: vallas intervenidas, carteles manchados, consignas pintadas. Son expresiones fragmentadas, sí, pero conectadas por un mismo pulso social. Indican que el descontento no desaparece con el silencio, solo cambia de forma.
La capital volvió a “hablar”, aunque sea en voz baja y a escondidas. Y en un país donde el espacio público suele estar monopolizado por consignas oficiales, cada palabra no autorizada en un muro emblemático se convierte en un recordatorio incómodo: la crisis no solo se vive en las casas a oscuras, también se escribe, se pinta y se filtra en los lugares que el poder creía completamente bajo control.
Del perfil de Yosmany Mayeta