Padre Alberto Reyes reflexiona y compara a Cuba con un campo de concentración
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 6 de junio de 2026
En medio de la profunda crisis económica, social y energética que atraviesa Cuba, el sacerdote católico Alberto Reyes Pías ha publicado una nueva reflexión en la que establece un paralelismo entre la realidad que viven millones de cubanos y las experiencias descritas por el psiquiatra y sobreviviente del Holocausto Viktor Frankl en los campos de concentración nazis.
A través de una reflexión cargada de simbolismo y crítica social, el religioso aborda el sentimiento de agotamiento colectivo que se extiende por la isla, marcado por la incertidumbre, la emigración, los apagones, la escasez y la sensación de estancamiento. Sin embargo, lejos de apostar por la resignación, Reyes defiende la necesidad de preservar la esperanza y asumir un papel activo en la construcción del futuro del país.
En su habitual sección, titulada He estado pensando… (160), el clérigo recuerda un pasaje del libro El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, donde se describe cómo numerosos prisioneros de un campo de concentración comenzaron a morir cuando comprendieron que las fechas en las que esperaban ser liberados no llegarían acompañadas de la libertad que anhelaban.
"Desesperados por salir de este campo de concentración inmisericorde, de ver el fin de esta esclavitud impuesta. Y esperanzados en que este campo de concentración sea liberado, y podamos ´volver a casa´, a esa Cuba libre, feliz y próspera que acariciamos con la mente, mientras día a día luchamos por sobrevivir al apagón de hoy, a la escasez de hoy, a la impotencia desesperante de hoy".
Tras citar esa experiencia, Reyes traslada la reflexión a la realidad cubana actual y sostiene que existe una sensación colectiva similar entre quienes viven dentro de la isla.
El padre Alberto Reyes escribe: “Estamos viviendo una realidad muy similar, porque la pregunta que más se repite en Cuba hoy es: ‘¿Hasta cuándo?’. Estamos, a la vez, esperanzados y desesperados”.
Según el sacerdote, los cubanos viven atrapados entre el deseo de que la situación cambie y la frustración provocada por la prolongación de las dificultades diarias. En ese sentido, describe una sociedad que enfrenta constantemente la escasez, los apagones y la incertidumbre sobre el futuro.
Reyes afirma: “Cada día se renueva esa esperanza: ‘¿Será hoy?, ¿será hoy?’, y cada día esa esperanza languidece, y se retuerce para que no la aplasten ni los agobios cotidianos ni esa voz demoníaca que se complace en susurrar que ‘esto no hay quien lo cambie’”.
El párroco considera que uno de los mayores peligros para la sociedad cubana es la resignación. Por ello, insiste en que mantener la esperanza no depende únicamente de circunstancias externas o de cambios políticos internacionales, sino de una convicción interna de que la realidad actual no puede ser aceptada como definitiva.
"La administración norteamericana podrá apoyar nuestra lucha… o no; Europa podrá dejar de coquetear y de ser pusilánime con el gobierno cubano… o no; América Latina podrá atreverse a decir la verdad sobre Cuba… o no. Pero haga lo que haga el mundo que nos rodea, ha llegado el momento de reinventarnos como pueblo y de buscar todos los modos posibles de romper las cadenas de las que tanto nos han dicho que no podemos escapar".
Después de exponer el deterioro de las condiciones de vida y las desigualdades que observa en el país, Reyes lanza una de las frases centrales de su reflexión: “Perder la esperanza es un lujo que no nos podemos permitir”.
A partir de esa idea, el religioso llama a los cubanos a recuperar la confianza en su capacidad de transformación y a no depositar todas sus expectativas en factores externos.
"Ha llegado el momento de reinventarnos como pueblo y de buscar todos los modos posibles de romper las cadenas de las que tanto nos han dicho que no podemos escapar”.
Aunque reconoce el valor de la solidaridad internacional y de las voces que denuncian la situación cubana, advierte que la solución no puede depender exclusivamente de actores externos.
“No hagamos reposar nuestra esperanza de una simple liberación gestada desde fuera, no sea que esa ayuda tarde tanto que perdamos la esperanza”.
En la parte final de su reflexión, el sacerdote resume su mensaje con una llamada a la acción colectiva y a la responsabilidad individual frente al futuro del país.
“El mundo podrá tendernos sus manos, pero esas manos no podrán ayudarnos a ponernos en pie si no somos capaces de alzar la cabeza y de dejar de acariciar nuestras cadenas”.
Las palabras de Alberto Reyes vuelven a situarlo entre las voces más críticas y reflexivas dentro de la Iglesia católica cubana. Su mensaje combina denuncia, preocupación y esperanza en un momento en que buena parte de la población enfrenta enormes dificultades materiales, pero también un creciente debate sobre el futuro de la nación y el papel que los propios cubanos deben asumir en cualquier proceso de cambio.