Sin apoyo policial, Cuba enfrenta ola de pandillas; violencia y códigos criminales, con total impunidad
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 15 de agosto de 2026
Las pandillas juveniles han dejado de ser un fenómeno aislado en Cuba y comienzan a mostrar estructuras más organizadas, códigos propios y vínculos que trascienden los barrios. La crisis económica, el deterioro social, el auge de las drogas y las dificultades para garantizar seguridad en las comunidades han favorecido la expansión de estos grupos, especialmente en La Habana, donde algunas organizaciones también mantienen conexiones surgidas dentro de las cárceles.
Durante años, las autoridades cubanas evitaron reconocer públicamente la magnitud de las pandillas juveniles. Sin embargo, la violencia asociada a estos grupos no nació con la crisis económica actual. Sus antecedentes se remontan a mucho antes de 1959 y forman parte de una tradición de delincuencia y violencia callejera que ya existía en La Habana.
En los barrios populares de la capital se había desarrollado la figura del «guapo habanero», asociada a hombres que imponían respeto mediante la intimidación y resolvían disputas fuera de los canales institucionales. Durante las primeras décadas del siglo XX también existieron grupos criminales que operaban en los llamados solares habaneros.
Investigaciones históricas citadas por Cubanet señalan que, durante la crisis económica de 1929, ya funcionaban pandillas en La Habana, algunas de ellas integradas por menores de edad que eran utilizados por organizaciones criminales para recaudar dinero bajo amenazas y agresiones. Es decir, el fenómeno de las pandillas precede ampliamente al proceso revolucionario, aunque tampoco desapareció después de 1959.
Tras el triunfo de la Revolución, el Estado creó una extensa estructura de vigilancia y control social. Los Comités de Defensa de la Revolución, el servicio militar obligatorio, el sistema educativo y el empleo estatal contribuyeron durante décadas a mantener bajo control buena parte de las expresiones de delincuencia organizada.
Esa capacidad comenzó a deteriorarse con el Período Especial, cuando el colapso económico de los años noventa provocó un profundo deterioro de las condiciones de vida y debilitó mecanismos de control que habían funcionado durante décadas. A partir de entonces comenzaron a ganar espacio diferentes actividades ilícitas y grupos vinculados con robos, peleas de gallos, cobro de deudas y otras formas de delincuencia.
Con el paso de los años, algunas agrupaciones juveniles dejaron de ser simples grupos ocasionales para adquirir mayor organización. En La Habana aparecieron bandas con nombres propios, territorios de influencia, símbolos, tatuajes y códigos internos. Entre ellas estuvieron Diamante y Sangre por Dolor, mientras que posteriormente surgieron otros grupos en diferentes municipios de la capital.
Uno de los episodios que hizo más visible la expansión de las pandillas en Cuba ocurrió el 8 de junio de 2024, durante una actividad organizada por la Unión de Jóvenes Comunistas en la Finca de los Monos, en el municipio Cerro. Allí se produjo una violenta pelea entre varios grupos juveniles. Mientras las autoridades informaron de dos personas lesionadas y descartaron fallecidos, fuentes independientes reportaron al menos seis heridos, evidenciando las diferencias entre la versión oficial y los testimonios difundidos fuera de los canales estatales.
Aquel enfrentamiento no fue un episodio aislado, sino una expresión de un fenómeno que venía creciendo en distintos barrios de La Habana. En municipios como Arroyo Naranjo, Diez de Octubre, Cerro, Marianao, Guanabacoa, San Miguel del Padrón y La Lisa se ha reportado la presencia de grupos cuyos integrantes utilizan tatuajes, símbolos y otros códigos para reforzar su identidad y pertenencia.
A las organizaciones conocidas como Diamante y Sangre por Dolor se han añadido agrupaciones más recientes, entre ellas 100paBajo, surgida en Santos Suárez, y Faceta del Mundo, vinculada al Cerro. También han aparecido estructuras originadas dentro del sistema penitenciario, como Obsorbo Fogo, Atá Perositan Nangorian, Justicha Allán y Miki Pintao, cuyos vínculos pueden mantenerse después de que sus integrantes recuperan la libertad y trasladarse incluso a otras provincias.
Este escenario coincide además con la aparición y expansión del llamado «químico», una droga sintética que ha ganado presencia entre sectores jóvenes y que se comercializa en distintos espacios públicos. Su bajo precio y disponibilidad han contribuido a convertirla en uno de los elementos más preocupantes del actual panorama de consumo de drogas en Cuba.
La combinación de violencia juvenil, consumo de sustancias, crisis económica y debilitamiento de los mecanismos tradicionales de control social ha creado un entorno en el que las pandillas encuentran mayores posibilidades de crecimiento. El resultado es una transformación de la delincuencia juvenil cubana: de pequeños grupos vinculados a determinados barrios hacia organizaciones con códigos propios, mayor capacidad de coordinación y conexiones que pueden superar las fronteras locales.
A esto ay que unir una característica nueva: algunas organizaciones surgidas dentro de las cárceles consiguen mantener sus vínculos después de la excarcelación. Sus integrantes pueden trasladarse a otras provincias o incluso emigrar, llevando consigo las relaciones construidas dentro del sistema penitenciario.
Así, las pandillas cubanas parecen estar pasando de estructuras predominantemente locales a redes con mayor capacidad de conexión, en un contexto marcado por crisis económica, deterioro social, violencia y pérdida de referentes institucionales.
Fuentes: Cubanet - Diario de Cuba