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Ni la prensa oficial puede ocultarlo: basura y abandono rodean instituciones estatales en La Habana

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 7 de febrero de 2026

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Que el deterioro urbano y la crisis de la higiene en La Habana aparezcan reflejados en un medio oficialista como Trabajadores no es un hecho menor. Cuando incluso la prensa alineada con el discurso del Gobierno se ve obligada a reconocer el estado de abandono y la acumulación de basura en instituciones estatales, queda claro que el problema ha superado cualquier intento de maquillaje propagandístico.

El panorama descrito en los alrededores de la tienda Panamericana, ubicada en la céntrica intersección de Infanta y Manglar, es revelador. Montones de desechos, áreas verdes convertidas en vertederos improvisados y jardines invadidos por basura dibujan una escena que contradice frontalmente los discursos oficiales sobre orden, control y “empeño institucional”. La imagen es la de una ciudad cansada, sucia y sin respuestas efectivas.

Resulta especialmente grave que estas condiciones rodeen un establecimiento donde se comercializan alimentos. La acumulación de residuos no solo degrada el entorno urbano, sino que constituye un riesgo sanitario evidente para trabajadores, clientes y vecinos. La proliferación de vectores, los malos olores y la falta de limpieza no son detalles menores: son síntomas de una gestión fallida y de una alarmante normalización de la insalubridad.

El artículo de Trabajadores intenta enmarcar la situación dentro de los esfuerzos del Partido y el Gobierno por “enfrentar problemas acumulados”, mencionando reuniones, orientaciones y llamados a la participación. Sin embargo, la realidad descrita en el terreno deja al descubierto una brecha cada vez más profunda entre el discurso político y la vida cotidiana. Las jornadas de limpieza y los llamados a la conciencia ciudadana no logran ocultar la ineficacia de las administraciones responsables.

El caso del antiguo BinBom, hoy reducido a una estructura deteriorada que contribuye activamente al desorden al verter cajas y desechos fuera de los contenedores, funciona como una metáfora incómoda: instituciones estatales abandonadas, sin control ni exigencia, que agravan los problemas en lugar de resolverlos. No se trata solo de falta de recursos, argumento recurrente, sino de desidia, ausencia de supervisión y falta de responsabilidades claras.

Cuando las administraciones locales no cumplen su función básica de garantizar la limpieza y el mantenimiento de los espacios públicos, el mensaje que reciben los ciudadanos es demoledor: nadie responde por nada. La acumulación de basura en zonas transitadas no es un fenómeno aislado, sino parte de un patrón que se repite en barrios, centros de trabajo y entidades estatales a lo largo de la capital.


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