Mensaje de Ariadna Mena Rubio a La Diosa (Video)
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 17 de enero de 2026
La activista de derechos humanos Ariadna Mena Rubio no se guardó nada. Con palabras claras y sin filtros, le dijo a La Diosa de Cuba lo que muchos piensan pero pocos se atreven a decir: en la vida, la ingratitud no tiene justificación. Su mensaje es sencillo, pero profundo... "puedes ser muchas cosas, puedes equivocarte, luchar, ganar o perder, pero nunca debes olvidar de dónde vienes ni a quién le debes lealtad".
Lo que Ariadna denuncia va más allá de un simple reproche personal. Es un llamado a la reflexión sobre cómo nos comportamos con quienes nos han tendido la mano, con quienes nos han apoyado cuando nadie más lo hacía. La ingratitud, advierte, no solo es un mal gesto; es una traición silenciosa que erosiona relaciones, amistades y la propia memoria de los que nos rodean.
En sus palabras se siente la fuerza de la verdad: “hay verdades que duelen, pero pesan más que el silencio”. Con esto, Ariadna nos recuerda que callar frente a la ingratitud no sirve. No enfrentarla permite que crezca, que se normalice y que otros sigan cayendo en la trampa de aceptar la traición como algo natural. La honestidad, el reconocimiento y la lealtad son valores que mantienen la dignidad de una persona. Y cuando alguien los pisa, aunque duela decirlo, es necesario hacerlo.
Además, su mensaje deja claro que el respeto y la memoria no se negocian. Habla de cuando La Diosa llegó con su familia a Miami y no recibió el apoyo que esperaba; solo de Armando Labrador, quien no la condujo a un piso compartido ni a un "eficient" sino a una respetable casa. Ser agradecido no es solo un gesto de cortesía; es un reflejo de carácter. Es recordar quién estuvo contigo en los momentos difíciles, es reconocer esfuerzos, es devolver apoyo cuando otros lo necesitan. La ingratitud, por el contrario, es un agujero que corroe relaciones y destruye la confianza.
Ariadna Mena Rubio utiliza esta plataforma para que su mensaje llegue alto y claro: no se trata de rencores, sino de honestidad. La vida nos pone a prueba, y la manera en que tratamos a los demás, especialmente a quienes nos dieron algo cuando no teníamos nada, habla de nuestra verdadera esencia. Su advertencia es directa: se puede ser muchas cosas en la vida, pero jamás malagradecido. Quien olvida esto, pierde más que amigos; pierde respeto y dignidad.