Comediante argentino recuerda su encuentro con Fidel Castro en Cuba: “Fue muy fuerte e inolvidable”
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 24 de enero de 2026
El actor y comediante argentino Guillermo Francella ha recordado en diversas entrevistas uno de los episodios más llamativos de su carrera internacional: el día en que conoció personalmente a Fidel Castro, durante una visita a Cuba en 2003 con motivo del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Francella, protagonista de películas emblemáticas como El secreto de sus ojos, ganadora del Óscar a Mejor Película Extranjera, ha descrito ese encuentro como “muy fuerte” e “inolvidable”. En sus palabras, la impresión inicial fue impactante: “Un hombre grandote. Muy alto. Muy alto”, ha dicho al referirse al líder cubano.
El actor explicó que su viaje a La Habana se debió al enorme éxito que tuvo el programa humorístico Poné a Francella en América Latina y, de manera particular, entre el público cubano. “Antes de viajar todos me advertían que no iba a poder caminar por la calle. Y fue así. Cuando llegué entendí que me trataban como a un jefe de Estado”, recordó. A la isla viajó acompañado por Adrián Suar y Luis Scalella.
El encuentro con Castro ocurrió el último día de su estancia. Francella ya tenía la maleta casi lista cuando, mientras descansaba en la piscina del hotel, fue abordado por personal del Gobierno. “Me dijeron: ‘El Comandante lo quiere ver’. Les aclaré que mi avión salía pronto y me respondieron: ‘Tranquilo, no sale’”, contó entre risas.
Durante la reunión, que duró más de una hora y se desarrolló a solas, el actor aseguró que no se habló prácticamente de política. Castro, según relató, se interesó por su familia y su carrera artística. Una frase del líder cubano quedó grabada en su memoria: “¿Tú eres consciente de lo que es hacer feliz a un pueblo? Tú haces feliz a mi pueblo”.
Al despedirse, Castro le obsequió una botella de ron y una caja de habanos. Francella ha confesado que salió del encuentro algo mareado por el alcohol y con cierta vergüenza, pero con una anécdota que, más de dos décadas después, sigue calificando como una de las experiencias más singulares de su vida profesional.