Invocación al Apóstol para explicar la crisis cubana provoca rechazo
Redacción de CubitaNOW ~ martes 27 de enero de 2026
La reciente afirmación de la periodista Arleen Rodríguez Derivet —“Martí no tuvo luz y era un genio”— ha reabierto un debate que va más allá de una frase desafortunada. La comparación, utilizada para relativizar los apagones y el colapso de servicios básicos en Cuba, ha sido leída por muchos como un intento de justificar el deterioro material del país apelando a una figura histórica que nada tiene que ver con la crisis actual.
José Martí nació en 1853, en pleno siglo XIX, y murió en 1895. Vivió en una época previa a muchos de los avances que hoy se consideran esenciales para la vida moderna. Aunque conoció los inicios de la luz eléctrica, no llegó a ver los rayos X, la aspirina, la penicilina, las vacunas modernas, las computadoras, Internet, la televisión comercial ni los electrodomésticos que hoy alivian el trabajo doméstico y elevan la calidad de vida. Comparar esa realidad con la Cuba del siglo XXI, en la que el acceso a la electricidad es intermitente y la escasez marca la rutina diaria, resulta cuando menos absurdo.

La humanidad ha atravesado, desde finales del siglo XIX hasta hoy, una revolución científica y técnica sin precedentes: avances en medicina, comunicaciones, energía, transporte y tecnología digital que han redefinido las expectativas mínimas de bienestar. Pretender que un país moderno deba resignarse a la precariedad porque un prócer del pasado vivió sin esos adelantos es una lógica que despoja al presente de toda responsabilidad política.
Mientras se invoca a Martí para pedir sacrificios, miembros de la élite gobernante como Arleen Rodriguez Derivet y otros disfrutan de viajes, restaurantes y comodidades fuera de Cuba, lejos de los apagones, el hambre y la frustración cotidiana de la población. Esa doble moral es el trasfondo que indigna a muchos cubanos.

El uso selectivo de la historia para normalizar el atraso no solo distorsiona el legado martiano, sino que convierte la carencia en virtud y el fracaso en consigna. Martí fue un genio de su tiempo; exigirle al pueblo cubano que viva como en el suyo es otra forma de negar el futuro.