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La cubana María Teresa de Luxemburgo: “Me encantan los frijoles negros, el picadillo y la yuca con mojo”

Redacción de CubitaNOW ~ lunes 29 de junio de 2026

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María Teresa de Luxemburgo y Enrique de Luxemburgo

Aunque ha pasado la mayor parte de su vida en Europa y llegó a convertirse en gran duquesa de Luxemburgo, María Teresa Mestre Batista asegura que nunca ha dejado atrás sus raíces cubanas. Nacida en Marianao, La Habana, en 1956, la aristócrata afirma que los sabores de la cocina de la Isla siguen ocupando un lugar privilegiado en su vida.

En una entrevista concedida a Cubanet, la cubana confesó que sus platos favoritos continúan siendo los más tradicionales de la gastronomía nacional. “Me encantan los frijoles negros, el picadillo, la yuca con mojo y los tostones más que los plátanos maduros fritos”, aseguró, al recordar los sabores que marcaron su infancia antes de salir al exilio con su familia.

María Teresa abandonó Cuba en 1960, cuando apenas tenía cuatro años. Tras una breve estancia en Nueva York, vivió en España y posteriormente se estableció en Suiza, donde años después conoció al entonces príncipe Enrique de Luxemburgo mientras ambos cursaban estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra.

Pese a la distancia, asegura que Cuba siempre estuvo presente en su hogar. Recordó que sus padres mantuvieron vivas las tradiciones familiares y que las conversaciones sobre la Isla eran habituales, especialmente con sus abuelos, quienes le transmitieron recuerdos de la vida cubana antes del exilio.

La ex gran duquesa también evocó con especial cariño los postres caseros de su infancia, en particular el merengue, al que describió como uno de los recuerdos más entrañables de su familia y una evocación permanente de sus raíces.

Su apego por la cocina cubana llegó incluso al Palacio Gran Ducal de Luxemburgo. Según contó, enseñó al chef del palacio a preparar platos típicos como el picadillo y el dulce de leche al estilo cubano, para poder seguir disfrutando de los sabores que siempre la han acompañado.

Más allá de la gastronomía, María Teresa considera que su origen cubano también marcó su personalidad. Ha señalado que conserva la alegría, la espontaneidad y la expresividad propias de la cultura de la Isla, cualidades que, según reconoce, contrastaban con la formalidad de una de las monarquías más antiguas de Europa.

La adaptación a la vida en la familia real no estuvo exenta de dificultades. La propia María Teresa ha reconocido que su manera de hablar, reír y relacionarse con las personas era muy distinta a la del entorno en el que comenzó a desenvolverse tras su matrimonio con Enrique de Luxemburgo en 1981.

Lejos de limitarse al protocolo, optó por mantener una vida cercana a la población, frecuentando cafeterías, teatros y otros espacios públicos, convencida de que podía desempeñar su papel institucional sin renunciar a la naturalidad que, asegura, heredó de su tierra natal.

A más de seis décadas de haber salido de Cuba, María Teresa de Luxemburgo sostiene que el vínculo con la Isla permanece intacto. Y si hay algo que, según ella, nunca ha cambiado son los sabores que siguen definiendo su identidad: los frijoles negros, el picadillo, la yuca con mojo y los tostones continúan siendo sus platos preferidos.

Fuentes: Cubanet y Revista Lecturas


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