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Silencioso rechazo de los peloteros venezolanos que dejó sola a Delcy Rodríguez

Redacción de CubitaNOW ~ jueves 19 de marzo de 2026

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La histórica victoria de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol no solo se celebró en el diamante: también dejó al descubierto una fractura política. Mientras el gobierno intentó capitalizar el triunfo, los propios jugadores marcaron distancia con un gesto contundente que resonó dentro y fuera del país.

La consagración de Venezuela como campeona del Clásico Mundial de Béisbol debía ser una fiesta unificadora, un momento de orgullo nacional sin matices. Sin embargo, lo que siguió a la victoria terminó revelando una profunda grieta entre los protagonistas del logro y el poder político que intentó apropiarse de él.

El episodio más revelador no ocurrió en el terreno de juego, sino después. Mientras el gobierno organizaba actos oficiales y discursos para celebrar el campeonato, la ausencia de los jugadores en la recepción encabezada por Delcy Rodríguez se convirtió en un mensaje más potente que cualquier declaración pública. No hubo confrontación directa, pero sí un gesto claro: los campeones no estaban dispuestos a prestarse para una foto política.

Aunque oficialmente se habló de compromisos con equipos en Estados Unidos, el contexto y las reacciones en redes sociales dejaron ver una interpretación distinta. Para muchos venezolanos, la decisión de los peloteros fue una forma elegante pero firme de evitar vincular su logro con un gobierno al que consideran responsable de la crisis que atraviesa el país.

La narrativa impulsada desde el poder intentó presentar el triunfo como un logro nacional respaldado institucionalmente. Sin embargo, esta versión chocó con una realidad conocida por millones: el béisbol venezolano ha crecido, en gran medida, gracias al esfuerzo individual, al apoyo familiar y a oportunidades en el extranjero, más que por políticas deportivas sostenidas dentro del país.

En redes sociales, el sentimiento fue contundente. Miles de mensajes celebraron no solo la victoria deportiva, sino también lo que interpretaron como un acto de dignidad. “El triunfo es del pueblo, no del gobierno” se repitió como consigna, reforzando la idea de que los jugadores representan a una Venezuela que lucha desde abajo, lejos de los discursos oficiales.

La falta de infraestructura deportiva, la precariedad de las ligas locales y la migración forzada de talento han sido temas recurrentes en el debate. Por eso, el intento de capitalizar políticamente el campeonato fue percibido por muchos como oportunista. En contraste, los peloteros —muchos de ellos formados en condiciones adversas— encarnan una narrativa distinta: la del esfuerzo que prospera a pesar del sistema, no gracias a él.

Este episodio deja algo claro: en la Venezuela actual, incluso el deporte, tradicionalmente un espacio de unión, refleja las tensiones de la sociedad. Los campeones no solo levantaron un trofeo; también, con su silencio y sus decisiones, marcaron una posición.

Sin discursos incendiarios ni declaraciones explícitas, los peloteros enviaron un mensaje que resonó con fuerza: hay victorias que no pertenecen al poder, sino a la gente.

Fuente: Periódico Cubano , La Patilla


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