Influencer cubana Flavia Blanco desata polémica por el precio del pan con lechón en La Habana
Redacción de CubitaNOW ~ domingo 30 de noviembre de 2025
La influencer cubana Flavia Blanco generó controversia al declarar que el pan con lechón de una cafetería en La Habana con la cual colabora es el “mejor de todos”. Más allá de la calidad del producto, la discusión se centró en el precio exorbitante, que llega hasta 1.800 pesos cubanos (CUP) en su versión más grande, cifra superior a la pensión mínima y casi equivalente a un salario mínimo mensual.
Los precios del menú varían entre 700 CUP y 1.800 CUP, según el tamaño del pan, un alimento que en épocas anteriores era accesible para la mayoría de los cubanos. Ubicada en el municipio Playa, la cafetería ofrece panes en varias presentaciones, desde el pequeño (S) hasta el gigantesco “comelón” (XL). Flavia probó ambas opciones: el XL de 1.800 CUP y el S de 700 CUP.
El local también vende papas fritas (1.000 CUP), croquetas (350 CUP), jugo de mango (300 CUP) y dulces artesanales entre 260 y 400 CUP. Aunque las bebidas enlatadas mantienen precios similares a los de las Mipymes, el costo general convierte un desayuno o almuerzo en algo inaccesible para la mayoría de los cubanos.
En redes sociales, las opiniones se dividen. Algunos usuarios elogian el sabor y el tamaño generoso de los productos, mientras otros critican la carne recalentada y la falta de frescura. Los comentarios reflejan una polarización entre quienes defienden la relación calidad-precio y quienes consideran que el costo no se corresponde con la calidad.
El contexto económico agrava la polémica. Cuba atraviesa una crisis marcada por bajos salarios, inflación superior al 30% anual y escasez de productos esenciales. Con un salario promedio de apenas 6.500 CUP mensuales, la mayoría de los ciudadanos no puede acceder a estos productos.
El pan con lechón, también conocido como “bodacito de cerdo”, es un plato emblemático de la comida callejera cubana. Se prepara con pan suave y crujiente, relleno de lechón asado desmenuzado, cocinado lentamente con especias tradicionales como ajo, orégano, laurel y jugo de naranja agria. Se acompaña con cebolla encurtida o sofrita, y a veces mantequilla, lo que lo convierte en un símbolo de la cultura gastronómica popular.
La controversia en torno al precio de este clásico refleja la desigualdad creciente entre tradición y realidad económica en la Isla.