La verdad detrás del mito: Rafaela Castro Rondón y su papel en la represión política
Redacción de CubitaNOW ~ martes 3 de febrero de 2026
Rafaela Castro Rondón ha sido presentada por algunos como un ejemplo de mujer cubana, una heredera del legado de Amalia Simoni y un símbolo de firmeza de principios. Sin embargo, más allá de los comunicados oficiales y de las alabanzas institucionales, su participación en los hechos recientes muestra otra realidad: la de alguien que, usando su posición dentro del sistema de salud, contribuye activamente a la represión política organizada por el Estado.
La presencia de Castro Rondón en el acto de repudio contra el Encargado de Negocios de Estados Unidos, Mike Hammer, no fue un acto espontáneo ni una manifestación de patriotismo individual. Fue parte de una operación coordinada por brigadas de respuesta rápida, cuadros del Partido Comunista, sindicatos y militantes leales al régimen, que buscaba hostigar y amedrentar a un diplomático extranjero que, de forma pacífica, recorrió el país para escuchar a los ciudadanos. La participación de una funcionaria de salud como ella, utilizando su autoridad y su bata blanca para liderar consignas e insultos, plantea graves interrogantes éticos sobre la instrumentalización de la profesión médica para fines políticos.
Mientras los comunicados oficiales celebran su “solidaridad” y “defensa de la dignidad humana”, la realidad muestra una doble moral flagrante: se exalta a quienes participan en la represión, mientras miles de cubanos enfrentan la escasez, los apagones, la persecución y la cárcel por expresar opiniones contrarias. La ética médica, que debería guiar su conducta, queda eclipsada por la obediencia a un aparato que privilegia la intimidación sobre el respeto a los derechos fundamentales.
El gesto de Rafaela Castro Rondón no representa la Cuba real ni la voluntad de su gente; es una muestra de cómo el sistema político utiliza instituciones y ciudadanos para consolidar control, miedo y silencio. Las acciones de repudio no son valentía ni patriotismo, sino una forma de violencia institucionalizada que contradice las normas internacionales y los principios básicos de convivencia y respeto.
Rafaela Castro Rondón es parte de un mecanismo que transforma la apariencia de firmeza en una acción de hostigamiento, y la historia recordará sus actos no por la defensa de ideales, sino por su complicidad con la represión organizada.
Del perfil de Irma Broek