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Doble moral en el escenario; el aplauso a la protesta ajena y el silencio ante la represión propia

Redacción de CubitaNOW ~ viernes 6 de noviembre de 2026

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Silvio Rodríguez, retratado en Bilbao 12 de septiembre. Daniel Mordzinski

La reciente gira del cantautor cubano Silvio Rodríguez por España reaviva una encendida polémica política. Mientras el trovador elogia abiertamente las movilizaciones sociales en las calles madrileñas, su continuada cercanía con el gobierno de La Habana evidencia una profunda grieta entre su discurso en el extranjero y la dura realidad libertaria que se vive en su país de origen.

Durante su última gira de diez actuaciones por territorio español —que culminó con un multitudinario concierto en la capital—, el artista no dudó en expresar públicamente su admiración hacia los colectivos que acampan en la Puerta del Sol demandando soluciones al problema de la vivienda. Para el músico, estas manifestaciones representan un soplo de solidaridad y esperanza frente al avance de tiempos oscuros. Sin embargo, sus palabras han sido recibidas con notable indignación por amplios sectores de la emigración y la oposición cubana, que ven en sus declaraciones un manifiesto ejercicio de hipocresía.

La controversia radica en el marcado contraste entre el respaldo de Rodríguez a los derechos civiles en Europa y su actitud reservada o abiertamente afín hacia las autoridades de la Isla. En Cuba, las protestas ciudadanas —como las masivas jornadas de julio de 2021— fueron respondidas con un duro despliegue policial y judicial que mantiene tras las rejas a más de un millar de manifestantes y disidentes. A pesar de haber sugerido en alguna ocasión la conveniencia de regular las marchas o pedir clemencia para casos puntuales, las posturas del cantautor se han alineado históricamente con la narrativa oficialista. Muestra de ello fue su adhesión al llamado defensivo del régimen al solicitar de forma simbólica un fusil en sus espacios personales, gesto respaldado institucionalmente por la cúpula del gobierno cubano.

Este choque ideológico estuvo presente a lo largo de toda su gira. Mientras colectivos de exiliados se concentraban a las puertas de los teatros para denunciar la complacencia del trovador con el régimen totalitario y exigir su repudio público, miles de seguidores abarrotaban los recintos para vitorear su trayectoria musical y corear consignas de apoyo a la revolución. Así, la figura del célebre artista continúa dividida entre el reconocimiento a su legado cultural y el reproche constante por mantener una vara de medir distinta a la hora de juzgar las libertades fundamentales según el lugar del mapa donde se ejercen.

Fuente: El País


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