Cuba en tiempos de penuria: inflación, apagones, sin medicamentos y colapso social
Redacción de CubitaNOW ~ lunes 16 de febrero de 2026
Cuba atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La combinación de crisis energética, escasez de alimentos y medicinas, caída del turismo y un éxodo sostenido de profesionales ha configurado un panorama que va más allá de una coyuntura pasajera. La isla enfrenta un deterioro estructural que impacta todos los ámbitos de la vida cotidiana.
La falta de combustible es hoy uno de los principales detonantes. Cuba produce solo una parte de la energía que consume y depende de importaciones que se han reducido considerablemente. Esta situación ha provocado apagones prolongados y la paralización parcial del transporte y de la actividad económica. Las autoridades han implementado planes de ahorro que incluyen recortes en servicios públicos y limitaciones en horarios laborales y académicos.
El sistema de salud, históricamente presentado como uno de los logros emblemáticos del modelo cubano, muestra señales evidentes de desgaste. En numerosos hospitales escasean medicamentos básicos, insumos quirúrgicos e incluso el suministro estable de electricidad. A esto se suma la emigración de médicos y personal sanitario en busca de mejores condiciones de vida, lo que ha dejado centros asistenciales con déficit de especialistas y largas listas de espera.
La educación tampoco ha quedado al margen. El cierre temporal de universidades y la reducción de becas forman parte de las medidas adoptadas para enfrentar la crisis energética. Profesores y estudiantes denuncian carencias materiales, dificultades de transporte y una pérdida progresiva de calidad académica.
En el plano económico, la inflación erosiona el poder adquisitivo de las familias. Aunque las cifras oficiales sitúan el alza de precios en torno al 10 %, en la práctica muchos productos básicos han duplicado o triplicado su valor en el mercado informal. La escasez de alimentos es persistente y cada vez más hogares reconocen haber reducido el número de comidas diarias por falta de recursos.
El turismo, uno de los motores tradicionales de ingreso de divisas, tampoco logra recuperarse plenamente. La disminución de visitantes internacionales, junto con los problemas de infraestructura y energía, ha afectado hoteles, restaurantes y pequeños negocios privados que dependen de esa actividad.
En las calles, la percepción de inseguridad y abandono institucional crece. Mientras aumentan los controles en momentos de tensión política, muchos ciudadanos consideran que los recursos estatales se destinan prioritariamente a la vigilancia y no a resolver las carencias cotidianas.
El resultado es una sociedad marcada por la incertidumbre. Miles de cubanos han optado por emigrar en los últimos años, buscando estabilidad económica y libertades que sienten limitadas en la isla. Otros permanecen, intentando adaptarse a una realidad donde la escasez se ha convertido en rutina.
La crisis actual no es solo energética o económica; es también social y demográfica. Cuba enfrenta el desafío de redefinir su modelo en medio de presiones internas y externas, con una población cada vez más impaciente y un margen de maniobra cada vez más estrecho.