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Sandro Castro se burla de Díaz-Canel y reaviva las dudas sobre las grietas dentro del poder en Cuba

Redacción de CubitaNOW ~ viernes 9 de enero de 2026

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Sandro Castro, nieto de Fidel Castro y sobrino-nieto de Raúl Castro, volvió a colocarse en el centro de la polémica tras publicar en Instagram una historia en la que lanza una pulla directa contra el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. En la imagen aparece sosteniendo una cerveza Cristal junto a una frase que, por lo explícita, no pasó desapercibida: “Cuando estoy contigo se me olvida que Díaz-Canel es presidente”.

El gesto va más allá de la burla fácil. En un país donde la crítica al poder suele pagarse caro —y donde incluso un comentario mínimo puede traer consecuencias—, la escena resulta llamativa por un detalle esencial: quien lo dice no es un ciudadano cualquiera, sino un miembro de la familia que ha estado en la cúspide del sistema durante más de seis décadas. Para muchos, esa aparente impunidad refuerza la idea de que no se trata solo de irreverencia, sino de un mensaje que se permite porque nace desde un lugar protegido.

Sandro Castro no es ajeno a la conversación pública ni a las tensiones que atraviesa el país. Su exposición en redes, sus polémicas y su estilo ostentoso han alimentado durante años la percepción de una élite desconectada de la realidad cotidiana de la mayoría. Por eso, que ahora el dardo apunte a Díaz-Canel —el rostro institucional del relevo— es interpretado por algunos como síntoma de una distancia cada vez más visible entre el actual mandatario y el apellido que, en la práctica, definió la arquitectura del poder cubano.

El episodio también se lee en un contexto donde el régimen ha recurrido históricamente a “sacrificios” políticos para contener el desgaste, apartar figuras y reacomodar el relato en tiempos de crisis. La caída de altos funcionarios, usada como válvula de escape ante el descontento social, ha sido un patrón recurrente y sigue funcionando como advertencia: los cambios se anuncian tarde, pero suelen prepararse con señales previas.

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En esa línea, voces críticas han sugerido que el ruido alrededor de la familia Castro podría no ser casual. La activista Mónica Baró Sánchez, por ejemplo, ha señalado que la creciente visibilidad de Óscar Pérez-Oliva —también sobrino-nieto de Fidel y Raúl— podría encajar en una estrategia de reposicionamiento interno, con la idea de proyectar continuidad sin cargar con el desgaste que hoy arrastra el liderazgo formal. Bajo esa lectura, la burla de Sandro no sería un chiste aislado, sino un guiño que contribuye a erosionar la imagen de autoridad de Díaz-Canel sin decirlo de manera frontal.

Mientras tanto, el propio Sandro sigue siendo un personaje que divide opiniones: para algunos, un símbolo del privilegio; para otros, un termómetro incómodo de lo que se permite y lo que no dentro del mismo sistema. Lo cierto es que su historia en Instagram no solo provocó risas o indignación: volvió a poner sobre la mesa una pregunta que en Cuba se repite cada vez con menos disimulo: quién manda realmente, quién paga el costo de la crisis y quién puede bromear con el poder sin consecuencias.


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