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Cafeterías estatales en Cuba reabren con precios que superan el salario promedio

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 29 de noviembre de 2025

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Comer fuera en Cuba se ha convertido en un lujo imposible. Incluso las cafeterías estatales, como la cadena DiTú gestionada por Palmares, han reabierto locales con precios que parecen inalcanzables para la mayoría de los cubanos.

En Santa Clara, el establecimiento ubicado en Prolongación de Colón, en la zona de Los Flamboyanes, volvió a abrir sus puertas. Sin embargo, lo que más llamó la atención no fue la renovación, sino el precio: un plato de 300 gramos de albóndigas cuesta 550 CUP, sin especificar el tipo de carne ni si incluye acompañantes.

El menú del DiTú ofrece bocaditos de jamón y queso entre 200 y 400 CUP, pollo frito a 600 CUP, además de papas fritas, aceitunas y dados de queso. Los precios parecen diseñados para turistas o personas con acceso a divisas, aunque la calidad de los productos, según clientes, está por debajo de lo que ofrecen cafeterías privadas más económicas y creativas.

La estrategia de Palmares apunta a competir con el sector privado, pero la paradoja es evidente: según la CEPAL, el 100% de los trabajadores estatales en Cuba viven en pobreza extrema, con salarios que rondan los 6.685 CUP mensuales (unos 15 dólares). Comprar un plato de albóndigas significa prácticamente un día entero de salario.

Desde la implementación de la “Tarea Ordenamiento” en 2021, los ingresos mínimos se fijaron en 2.100 CUP, pero la inflación devoró rápidamente ese poder adquisitivo. Entre 2021 y 2023, la inflación anual superó el 77% en el primer año, 39% en el segundo y 31% en el tercero, provocando que el salario medio real cayera más del 56%. En 2024 y 2025 la situación no mejoró: la inflación siguió creciendo y los ingresos permanecieron estancados.

El resultado es claro: cafeterías estatales que venden albóndigas a 550 CUP mientras los cubanos ganan menos de 7 mil pesos al mes reflejan la desconexión entre los precios oficiales y la realidad económica de la población. La “protección social” del Estado se percibe cada vez más como un recuerdo lejano, mientras los ciudadanos apenas logran cubrir lo básico y comer fuera se convierte en un lujo inaccesible.


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