Vandalización de vallas con rostros de líderes cubanos en el oriente del país: un mensaje de descontento creciente
Redacción de CubitaNOW ~ viernes 23 de enero de 2026
Vallas con los rostros de Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel amanecieron vandalizadas en varias localidades del oriente cubano, llevando consignas directas y sin maquillaje que dejaron claro el malestar popular. Entre las frases destacadas se encuentran: “Abajo la dictadura”, “No al PCC” y el contundente “Le toca a Canel”.
Las acciones se registraron en puntos simbólicos como Birán, Alto Cedro y Santiago de Cuba, lugares históricamente utilizados por el régimen como vitrinas propagandísticas del poder revolucionario. Sin embargo, en esta ocasión, los carteles oficiales fueron convertidos en lienzos de protesta contra el sistema. Las imágenes del vandalismo comenzaron a circular rápidamente en redes sociales, compartidas por José Daniel Ferrer, líder opositor, quien afirmó que los grafitis forman parte de la campaña “Pinta tu grafiti, mancha una valla comunista”, impulsada por miembros de la UNPACU.
Desde el exilio, Ferrer instó a los cubanos a sumarse a estas acciones de protesta, destacando que el silencio también tiene consecuencias. “Si no luchas, no te quejes de la miseria y los apagones”, expresó, conectando la protesta política con las dificultades cotidianas que sufre la población cubana.
Más allá de los grafitis sobre las vallas, el mensaje es claro: el descontento popular en el oriente de Cuba crece. Para muchos, los rostros de los líderes comunistas representan décadas de represión, pobreza estructural y censura sistemática, y ya no evocan obediencia, sino rabia acumulada.
En una región afectada por los apagones interminables, la escasez y el abandono estatal, estos actos de vandalismo reflejan algo más profundo que un simple ataque a la propiedad pública. Son señales de hartazgo, de pérdida del miedo y de un relato oficial que ya no logra convencer ni en sus bastiones históricos.
Mientras el régimen insiste en proyectar estabilidad y control, las paredes, una vez más, hablan otro idioma. Cada valla manchada deja claro que, incluso en Oriente, el relato oficial del poder está resquebrajándose.