Anciana cubana: “No puedo comprar nada, vale demasiado” (Video)
Redacción de CubitaNOW ~ lunes 2 de marzo de 2026
Desde La Habana, una anciana cubana ha denunciado abiertamente en un video difundido por Martí Noticias: “No hay nada, nada, nada”, porque los productos básicos son demasiado caros y su pensión no le permite comprarlos. La frase, sencilla pero contundente, resume la realidad diaria de muchos jubilados en Cuba, que enfrentan una crisis económica sin precedentes y una pérdida drástica del poder adquisitivo de sus ingresos. cite
En Cuba, el salario medio estatal ronda los 6 000 pesos cubanos al mes, cifra que incluso el propio gobierno ha señalado como insuficiente para vivir dignamente en el contexto actual de precios elevados y escasez crónica. Para los jubilados, la situación es aún más precaria: antes de los ajustes recientes, la pensión mínima era de alrededor de 1 528 CUP mensuales, y aunque el Estado anunció incrementos que elevan algunos pagos hasta 4 000 CUP, el avance real en términos de poder adquisitivo queda neutralizado por la inflación y la depreciación de la moneda.
La consecuencia es dramática: básicos como un cartón de huevos pueden costar más de 3 000 pesos, un litro de aceite más de 3 500 CUP y muchos productos esenciales solo se venden en moneda dura o “MLC” (moneda libremente convertible), inaccesible para los que viven de pensiones en pesos. Según estimaciones de analistas, un anciano que depende exclusivamente de su jubilación necesitaría más de una docena de esos ingresos mensuales solo para cubrir una alimentación mínima.
Este desequilibrio ha empujado a muchos adultos mayores a estrategias extremas: hacer largas colas en los bancos para cobrar su pensión, depender de la asistencia estatal informal como comedores comunitarios o, en casos más extremos, rebuscar en la basura o vender pequeños artículos para reunir algo de dinero. La pérdida de poder adquisitivo, acumulada por años de inflación persistente que no ha sido compensada por aumentos proporcionales en las pensiones o salarios, coloca a los ancianos en una posición de vulnerabilidad grave.
Especialistas y organismos de la sociedad civil han señalado que, mientras los precios de bienes básicos siguen elevándose y la moneda local se devalúa en el mercado informal, los pensionados cubanos pierden terreno cada día frente a sus necesidades más elementales. Esto se traduce en una dependencia creciente de familiares en el exterior, la solidaridad comunitaria o la asistencia mínima que el propio Estado todavía mantiene, pero que no alcanza a cubrir la demanda real.
En este clima, la queja de la anciana cubana —“vale mucho”— no solo es una observación sobre precios, sino un grito que refleja la frustración y el agotamiento de una generación que trabajó toda su vida y hoy lucha por sobrevivir con lo esencial.