El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amplió hasta el martes el ultimátum a Irán, advirtiendo que, de no llegar a un acuerdo, Washington destruirá infraestructuras críticas como centrales eléctricas y puentes. Pese a la presión, Irán mantiene públicamente su negativa a negociar y rechaza cualquier cese temporal de hostilidades, según reporta la prensa internacional.
El presidente de Estados Unidos volvió a endurecer su discurso hacia Irán este fin de semana, anunciando un nuevo ultimátum centrado en la destrucción de infraestructuras energéticas y estratégicas del país persa si no se alcanzan acuerdos inmediatos. La Casa Blanca confirmó la extensión del plazo hasta el martes “a petición del Gobierno iraní”, aunque fuentes oficiales estadounidenses insisten en que las negociaciones continúan y “avanzan muy bien”, en contraste con la cobertura que señalan como alarmista de algunos medios.
Trump, en una entrevista con The Wall Street Journal, advirtió que el incumplimiento podría llevar a la destrucción de centrales eléctricas, puentes y otras infraestructuras esenciales, dejando a Irán en una situación de “retroceso de 20 años” para reconstruirse. Estas declaraciones representan uno de los tonos más contundentes hasta ahora, marcando un claro aumento de la presión sobre Teherán.
Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos continúan, con países como Pakistán, Egipto y Turquía proponiendo un alto el fuego temporal de 45 días para reabrir el estrecho de Ormuz y negociar un acuerdo de cese definitivo de hostilidades. Según estas fuentes internacionales, la prisa por lograr un entendimiento se debe, en gran medida, al ultimátum estadounidense y al riesgo de escalada militar en la región.
Sin embargo, la respuesta oficial de Irán sigue siendo de firme rechazo. Medios internacionales como Reuters y Al Jazeera citan a fuentes del Gobierno iraní que subrayan que “no aceptaremos fechas límite ni ninguna presión para tomar decisiones rápidas” y que no abrirán el estrecho de Ormuz a cambio de un alto el fuego temporal. La posición de Teherán se mantiene invariable: cualquier cese de hostilidades debe ser negociado sin imposiciones y no puede interpretarse como una pausa que facilite futuras agresiones.
Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, tras la muerte del entonces líder supremo Alí Jameneí, Irán ha reforzado su estructura militar horizontal para evitar que la eliminación de líderes estratégicos debilite su capacidad de combate. La prensa internacional recuerda que Washington e Israel ya atacaron a Irán en junio de 2025, eliminando a la cúpula militar del país, pero Teherán ha logrado mantener y modernizar su capacidad de defensa y ataque.
El contexto actual genera un escenario de alta incertidumbre: un posible acuerdo de última hora podría rebajar la tensión, pero el incumplimiento del ultimátum aumentaría el riesgo de una escalada militar directa. Además, tanto Trump como el primer ministro israelí Binyamín Netanyahu han cambiado públicamente sus objetivos, alternando entre el cambio de régimen y la prevención del desarrollo nuclear iraní, lo que añade complejidad a las negociaciones.
Con la ampliación del plazo hasta el martes y la negativa iraní a aceptar presiones, la comunidad internacional observa con atención, consciente de que el foco ya no está solo en sanciones económicas, sino en amenazas directas a infraestructuras críticas, lo que incrementa el riesgo de conflicto en el Golfo Pérsico.
Fuentes: HUFFPOST