Un artículo publicado por el periódico oficialista Girón, de la provincia de Matanzas, dejó al descubierto la resistencia que aún muestran numerosos cuadros y funcionarios estatales a la implementación de las recientes medidas de apertura económica anunciadas por el Gobierno cubano.
El texto sostiene que, aunque las nuevas disposiciones fueron presentadas por las máximas autoridades como un cambio trascendental para dinamizar la economía, en la práctica muchos dirigentes continúan viendo al sector privado como un rival, en lugar de un aliado para impulsar el desarrollo.
Según expone Girón, en reuniones celebradas a nivel municipal y provincial se han escuchado expresiones que evidencian esa mentalidad. Entre ellas figuran frases como: "las mipymes nos están cogiendo la delantera y eso no puede suceder" o "tenemos que ponernos las pilas antes de que el sector privado nos pase por arriba", comentarios que, a juicio del articulista, reflejan una visión de competencia y desconfianza hacia los nuevos actores económicos.
El periódico considera que ese enfoque contradice el espíritu de las reformas económicas aprobadas recientemente, cuyo propósito es fomentar la complementariedad entre el sector estatal y el privado para enfrentar la profunda crisis económica que atraviesa el país.
La publicación reconoce que existen funcionarios que sí defienden una mayor cooperación con las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), así como con cooperativas y proyectos de desarrollo local. Sin embargo, advierte que esos casos siguen siendo excepcionales dentro de la estructura administrativa.
Uno de los cuestionamientos centrales del artículo es la escasa participación del empresariado privado en los espacios donde se diseñan las políticas económicas territoriales. De acuerdo con el análisis, las reuniones donde se decide el futuro económico de la provincia suelen realizarse sin la presencia de representantes de las mipymes o de otros actores no estatales, lo que limita la posibilidad de aprovechar sus propuestas y experiencias.
El autor sostiene que esta situación responde a una cultura administrativa formada durante décadas bajo un modelo en el que el funcionario debía controlar y supervisar al sector privado. Ahora, afirma, el reto consiste en transformar esa mentalidad para convertir al Estado en un facilitador capaz de generar alianzas y promover proyectos conjuntos.
El artículo insiste en que el crecimiento del sector privado no debería interpretarse como una amenaza para las empresas estatales, sino como un elemento que puede dinamizar la economía, fortalecer las cadenas de suministro, generar empleos y aliviar la presión sobre las finanzas públicas.
Asimismo, hace un llamado a institucionalizar la presencia de empresarios privados en los espacios de toma de decisiones y a eliminar las barreras que todavía dificultan una verdadera colaboración entre ambos sectores.
Fuente: Periódico Girón
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