Foto: Diario Las Américas
La escasez prolongada de gas licuado, queroseno y electricidad ha llevado a numerosos vecinos de Santiago de Cuba a buscar soluciones por cuenta propia. En varios barrios de la ciudad han comenzado a levantarse hornos artesanales de carbón, una práctica que hasta hace poco era poco común en zonas urbanas y que hoy se presenta como una alternativa para enfrentar la crisis energética.
De acuerdo con un reportaje de Diario de Cuba, estos hornos improvisados han empezado a multiplicarse entre edificios y viviendas de distintos repartos santiagueros, aprovechando la madera caída tras el paso del huracán Melissa, que impactó el oriente del país en octubre de 2025.
Uno de los casos recogidos por el medio es el de Eduardo, un joven de 25 años residente en el distrito José Martí, quien decidió construir su propio horno utilizando estructuras de concreto abandonadas y restos de árboles secos. Según explicó, nunca ha recibido información sobre regulaciones para este tipo de actividad y considera que, ante la falta de combustible para cocinar, no le queda otra alternativa.
El joven ironizó además con el concepto de "resistencia creativa", una expresión utilizada en reiteradas ocasiones por el gobernante Miguel Díaz-Canel para promover soluciones improvisadas frente a las carencias. Sin embargo, el propio mandatario reconoció recientemente que esa estrategia ya no resulta suficiente para enfrentar la situación que vive el país.
Los largos apagones que afectan a Santiago de Cuba han convertido al carbón vegetal en uno de los pocos combustibles disponibles para miles de familias. En algunos sectores de la ciudad, el suministro eléctrico apenas alcanza una o dos horas al día, lo que dificulta cocinar con equipos eléctricos y obliga a buscar otras opciones.
La elevada demanda también ha disparado los precios. Una lata de carbón, que tiempo atrás podía adquirirse por unos 200 pesos, ahora ronda los 800 pesos en el mercado local, mientras que un saco completo puede costar alrededor de 4.000 pesos, una cifra superior al salario mínimo mensual vigente en Cuba.
Ante esa realidad, Eduardo planea producir varios sacos de carbón. Una parte la destinará al consumo de su familia y el resto lo venderá a vecinos que, según asegura, ya le han reservado parte de la producción.
La situación evidencia una de las contradicciones más visibles de la actual crisis cubana. Mientras muchas familias recurren a fabricar carbón para poder cocinar, Cuba continúa exportando este producto al mercado internacional. Según datos oficiales, el carbón vegetal se mantiene entre los principales rubros exportables del país, generando millones de dólares en ingresos.
La elaboración artesanal tampoco resulta sencilla. El proceso requiere varios días de vigilancia constante para controlar la combustión y evitar que el horno se abra antes de tiempo. Además, las lluvias pueden echar a perder completamente la producción.
Cinco meses después del paso del huracán Melissa, muchas comunidades de Santiago aún enfrentan las consecuencias del desastre, con miles de viviendas pendientes de reparación y una crisis energética que ha obligado a numerosos cubanos a recurrir a soluciones improvisadas para cubrir necesidades tan básicas como preparar los alimentos.
Fuentes: Diario de Cuba y CiberCuba
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