Después de más de un año esperando una decisión sobre su solicitud de asilo político, el científico y activista cubano Óscar Casanella descubrió que deberá regresar ante un juez de inmigración el próximo 28 de agosto. La aparición inesperada de una nueva audiencia reabre el temor de que su caso termine con una negativa y una posible orden de deportación que afectaría también a su esposa y a su hijo menor. Para Casanella, regresar a Cuba no representa simplemente volver a su país: significa, según su testimonio, quedar nuevamente expuesto a los mismos agentes y estructuras de seguridad que asegura haberlo perseguido durante años.
Casanella explicó en una transmisión en Facebook que su audiencia final se celebró el 24 de junio de 2025 y que él y su abogada entendían que solo quedaba esperar la decisión de la jueza. Sin embargo, el sistema migratorio estadounidense ahora muestra una nueva Master Hearing para el 28 de agosto.
La noticia provocó preocupación dentro de su familia. «Tenemos realmente miedo de que nos nieguen el asilo político», afirmó el activista, quien teme que una decisión desfavorable pueda desembocar en una orden de deportación para los integrantes de su caso.
«Mi familia y yo queremos vivir sin miedo: ni a la Policía política cubana, ni a la inteligencia cubana, ni a ICE», expresó.
El temor de Casanella está relacionado con los episodios de persecución que, según ha denunciado, sufrió en Cuba durante años. Durante su transmisión mostró documentos y evidencias que presentó en su solicitud de asilo, entre ellos una fotografía después de una golpiza, una citación de la Seguridad del Estado, una denuncia policial y pruebas relacionadas con un accidente en el que estuvo involucrado un vehículo del Ministerio del Interior.
El científico sostiene que su activismo comenzó en 1998 y que la presión de las autoridades aumentó especialmente a partir de 2013. Ha denunciado arrestos, vigilancia, amenazas, agresiones físicas, restricciones de movimiento y un supuesto intento de sabotaje contra el automóvil familiar.
También recordó su detención en diciembre de 2014 junto a otros activistas tras participar en la acción artística “El Susurro de Tatlin”, así como una golpiza que asegura haber sufrido en 2017 y una agresión durante una manifestación por los derechos LGBT en 2019.
Casanella llegó a la frontera estadounidense en enero de 2022 y recibió un documento I-220A. Desde entonces, afirma, su familia ha vivido pendiente de una resolución definitiva.
Ahora, el 28 de agosto vuelve a marcar el calendario de una familia que teme que su futuro dependa de una decisión judicial.
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