La FIFA atraviesa uno de los mayores pulsos políticos de la era Gianni Infantino. Lo que comenzó como un ambicioso proyecto para abrir las competiciones del organismo a capital privado terminó provocando una reacción en cadena entre federaciones y confederaciones, críticas públicas y un creciente cuestionamiento al liderazgo del presidente. Aunque Infantino retiró la propuesta apenas cuatro días después de que trascendiera, el retroceso no borra el daño político: la batalla ahora se traslada a las elecciones de marzo de 2027, donde deberá reconstruir alianzas para intentar mantenerse al frente del fútbol mundial.
El proyecto que puso a la FIFA en el centro de la tormenta planteaba permitir la entrada de inversores privados en la propiedad de participaciones vinculadas al Mundial y otras competiciones. La iniciativa provocó un rechazo especialmente contundente en Europa, Asia y Norteamérica.
La UEFA, con sus 55 federaciones, rechazó de manera unánime la propuesta y llegó a amenazar con no participar en competiciones organizadas por la FIFA si el plan seguía adelante. La AFC, que reúne a 47 asociaciones, también expresó su oposición, al igual que la CONCACAF, con 41 miembros.
Ante esa presión, Infantino dio marcha atrás. La FIFA comunicó que abandonaba el proyecto al considerar que había generado divisiones incompatibles con el objetivo inicial.
Pero el retiro de la iniciativa no cerró la crisis. La fractura política permanece y puede convertirse en un problema mayor cuando llegue el 77.º Congreso de la FIFA, previsto para marzo del próximo año, donde Infantino buscará la reelección después de más de una década al frente de la organización.
El pulso también tiene una dimensión británica. El primer ministro Andy Burnham calificó de «escandalosa» la idea de abrir la puerta al capital privado y sostuvo que Infantino es «el hombre equivocado» para dirigir la FIFA.
La disputa alcanza incluso al Mundial de 2030. España y Marruecos compiten por albergar la final, una decisión que adquiere especial interés después del enfrentamiento entre FIFA y UEFA. Marruecos mantiene además una relación cercana con Infantino y cuenta con el ambicioso proyecto del estadio Hassan II de Casablanca.
El escenario electoral, por tanto, está abierto. Infantino deberá recuperar la confianza de las confederaciones que se enfrentaron a su iniciativa y evitar que el rechazo al proyecto financiero termine transformándose en una candidatura alternativa.
El plan fue retirado en cuatro días; la factura política puede durar mucho más.
Fuentes: Mundo Deportivo
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