La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha advertido sobre el grave deterioro del sistema sanitario en Cuba, donde más de 100.000 cirugías han sido pospuestas debido a la crisis energética que afecta a la isla. La combinación de apagones prolongados, escasez de combustible, falta de insumos médicos y desfinanciamiento de la ayuda humanitaria está provocando un impacto directo en la atención hospitalaria, en un contexto en el que los servicios básicos funcionan bajo una presión sin precedentes. Según el organismo internacional, la situación continúa agravándose y afecta de manera transversal a toda la población cubana.
La crisis energética que atraviesa Cuba ha alcanzado un nivel crítico con consecuencias directas sobre el sistema de salud, donde más de 100.000 cirugías han sido pospuestas, según alertó la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). La organización advierte que la combinación de escasez de combustible, falta de electricidad y déficit de insumos médicos está comprometiendo seriamente la capacidad hospitalaria del país.
De acuerdo con el informe, los apagones prolongados —que en algunas provincias superan las 20 horas diarias— han obligado a reprogramar intervenciones quirúrgicas de todo tipo, desde procedimientos urgentes hasta operaciones programadas. A esto se suma la escasez de medicamentos, materiales quirúrgicos y equipos esenciales para mantener operativos los centros sanitarios.
La OCHA señala que el impacto de la crisis energética se extiende mucho más allá del sector salud. El abastecimiento de agua potable, el saneamiento, la producción de alimentos y el transporte también se ven severamente afectados, generando una situación de vulnerabilidad generalizada en la población.
El organismo internacional explica que esta crisis está vinculada a una combinación de factores, entre ellos las restricciones externas al suministro de combustible, la reducción de envíos desde países aliados y los efectos de fenómenos meteorológicos recientes que han afectado la infraestructura del país. La falta de diésel y la inestabilidad del sistema eléctrico han reducido al mínimo la capacidad de funcionamiento de servicios esenciales.
En paralelo, la ONU presentó un plan de acción humanitaria valorado en 82 millones de dólares destinado a asistir a aproximadamente dos millones de personas en la isla. Sin embargo, hasta el momento solo ha sido financiado en un 21%, lo que limita la capacidad de respuesta ante la emergencia.
Además, decenas de contenedores con alimentos y suministros médicos permanecen sin distribución debido a la falta de combustible para el transporte interno, lo que agrava la situación en hospitales y comunidades vulnerables.
Representantes de la ONU han reiterado la necesidad de garantizar el acceso a combustible para fines humanitarios y de acelerar la financiación internacional del plan de ayuda, advirtiendo que sin estos recursos la situación podría deteriorarse aún más en los próximos meses.
Para la población cubana, el impacto es directo: cirugías retrasadas, dificultades para acceder a medicamentos, hospitales operando con limitaciones y servicios básicos interrumpidos de forma constante. La crisis energética se ha convertido así en un factor determinante de la emergencia sanitaria que enfrenta el país.
Fuentes: UN News
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