Lo que debía ser un foro para debatir sobre derechos humanos terminó convertido en un espectáculo de confrontación protagonizado por diplomáticos cubanos en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York. Al grito de «terroristas» y «fuera de la ONU», representantes del régimen increparon a activistas y ex presos políticos que participaban en un evento sobre la represión, los presos políticos y las denuncias de explotación laboral en Cuba. La escena, denunciada por José Daniel Ferrer, dejó una imagen difícil de conciliar con la diplomacia que La Habana dice defender: en lugar de responder a las acusaciones con argumentos, sus representantes optaron por los insultos y la intimidación. Una pantomima mal montada que amenaza con convertir un espacio de debate internacional en un escenario de propaganda política.
El incidente ocurrió durante el evento «Cuba Libre: La opresión que La Habana oculta», organizado por la Misión Permanente de Estados Unidos ante la ONU. En el panel participaron Ferrer, fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU); el artista Luis Manuel Otero Alcántara, liberado tras cinco años de prisión y obligado a abandonar la Isla y Orlando Gutiérrez Boronat, dirigente del exilio cubano.
Ferrer denunció el episodio en Facebook y aseguró que los diplomáticos cubanos interrumpieron la actividad con gritos e improperios. La escena recordó los actos de repudio que durante décadas han marcado la represión contra opositores dentro de Cuba, una práctica que ahora quedó expuesta en uno de los principales escenarios de la diplomacia mundial.
La provocación no surgió de la nada. Días antes, el embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, había cuestionado la celebración del encuentro, al que calificó de maniobra política contra el Gobierno de La Habana. Washington, por su parte, defendió el derecho a escuchar testimonios de víctimas de la represión y analizar las denuncias contra el sistema cubano.
El episodio llega en vísperas de una nueva votación sobre el embargo estadounidense a Cuba, en medio de una creciente disputa diplomática entre Washington y La Habana. Mientras el canciller Bruno Rodríguez acusa a Estados Unidos de presionar a otros gobiernos, activistas cubanos reclaman que la comunidad internacional deje de respaldar iniciativas que, a su juicio, terminan favoreciendo al régimen.
En ese contexto, los gritos y las descalificaciones proyectan una imagen de confrontación que poco ayuda a la defensa diplomática de Cuba. Cuando las acusaciones se responden con insultos en lugar de argumentos, el espectáculo puede terminar perjudicando a quienes pretendían controlar el escenario.
Fuentes: UN - Mag Jorge Castro
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