Cuba atraviesa una de sus peores crisis energéticas en años, con la reciente rotura de dos de las principales termoeléctricas del país, lo que ha provocado una afectación masiva en el suministro eléctrico. Lázaro Guerra Hernández, director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, informó que las reparaciones podrían tardar entre cuatro y cinco días, lo que agravará aún más la ya delicada situación que padecen los cubanos.
La situación es crítica. La demanda energética, especialmente en verano, alcanza los 3,150 MW, pero el sistema eléctrico no podrá cubrir esa demanda. Se espera un déficit de 400 MW durante el mediodía y hasta 940 MW en las horas pico de la noche, lo que resultará en apagones prolongados en todo el país.
Las termoeléctricas Carlos Manuel de Céspedes en Cienfuegos y la unidad 1 de Felton sufrieron graves fallos en sus calderas, lo que ha paralizado su funcionamiento. Aunque estaba planificada una salida controlada de estas unidades para mantenimiento, las fallas imprevistas han obligado a detener por completo la producción de energía, dejando al país en una situación de vulnerabilidad extrema.
Además, la unidad 1 de la termoeléctrica de Santa Cruz del Norte también ha quedado fuera de servicio debido a una rotura en las turbinas. Su reingreso no se espera hasta finales de agosto, lo que solo incrementa la desesperación de la población. Aunque se espera que la unidad 2 de Santa Cruz del Norte se reincorpore pronto, la capacidad de generación sigue siendo insuficiente.
La unidad 2 de Felton, que ha estado fuera de servicio por más de dos años debido a un incendio, agrava aún más el desequilibrio energético en la zona centro-oriental del país, obligando a realizar costosas y complicadas transferencias de energía hacia esa área. Este déficit crónico de generación no solo afecta a la economía nacional, sino que también tiene un impacto devastador en la vida cotidiana de los cubanos.
La crisis energética no es solo un problema técnico, sino un reflejo de la profunda crisis estructural que atraviesa el país. Los apagones se han convertido en una constante en la vida de los cubanos, exacerbando las ya difíciles condiciones de vida. La falta de electricidad afecta todos los aspectos de la vida diaria, desde la refrigeración de alimentos hasta la operación de hospitales y servicios esenciales.
Además, los apagones prolongados aumentan el malestar social en un momento en que la población ya está lidiando con escasez de alimentos, medicinas, y un deterioro generalizado de la calidad de vida. La frustración y el descontento crecen a medida que las promesas de mejoras se ven continuamente postergadas.
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