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Actor Frank Andrés Mora denuncia la manipulación del legado de Martí en Cuba

Redacción de CubitaNOW ~ viernes 30 de enero de 2026

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El actor cubano Frank Andrés Mora publicó un texto profundamente crítico que interpela no solo a la figura histórica del Apóstol, sino al uso político y retórico que se hace hoy de su legado en Cuba. Lejos de la felicitación solemne, el mensaje es una confesión dolorosa marcada por la vergüenza, el cansancio y la decepción.

Desde el inicio, Mora coloca el foco en una herida abierta: la fractura nacional. Habla de los miles de cubanos exiliados “por la deshonra” y de los que permanecen en la Isla sumidos en la miseria y la apatía. Esa dicotomía resume con crudeza la Cuba contemporánea, una nación partida entre la emigración forzada y la supervivencia cotidiana, muy distante del proyecto de país que Martí imaginó.

El actor denuncia cómo el nombre de Martí ha sido convertido en eco de mentiras y justificaciones, utilizado para legitimar un sistema que contradice principios esenciales del pensamiento martiano: la pluralidad política, la prosperidad compartida y la dignidad humana. “Una Cuba Libre, pluripartidista y próspera”, recuerda Mora, en abierta contraposición a una realidad marcada por el partido único, la represión y el empobrecimiento generalizado.

Uno de los pasajes más contundentes es cuando expresa su hastío ante la invocación constante de Martí “en pos de la justicia”, mientras —según denuncia— se pisotea su legado citándolo “a conveniencia absurda”. En la Cuba actual, Martí aparece omnipresente en discursos oficiales, escuelas y consignas, pero ausente en derechos civiles, libertades públicas y participación ciudadana.

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La reflexión se profundiza al citar una frase clave del Apóstol: “La Patria es ara y no pedestal”. Mora contrasta ese principio con una práctica política donde, a juicio de muchos cubanos, la Patria ha sido convertida precisamente en pedestal para el poder, y no en espacio de sacrificio colectivo y servicio desinteresado.

El texto concluye con un tono de duelo y autocrítica nacional. El actor no solo cuestiona a quienes han “orinado sobre los cimientos” del país, sino también a quienes aún no saben cómo hacerlo “más grande y más puro”. En esa confesión reside su fuerza: Martí no como estatua, sino como espejo incómodo de una Cuba que atraviesa una de las crisis más profundas de su historia.


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