A cuatro años de la invasión, Rusia no logra doblegar a Ucrania
Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 25 de febrero de 2026
A casi cinco años del inicio de la invasión ordenada por Vladimir Putin, la guerra en Ucrania muestra un frente prácticamente congelado. Pese a la narrativa del Kremlin sobre un supuesto colapso ucraniano, los avances rusos siguen siendo limitados y costosos, mientras Kyiv intenta sostener su defensa y ejecutar contraataques selectivos.
El ritmo de progresión rusa ilustra el estancamiento: en sectores como Pokrovsk se habla de avances de apenas decenas de metros diarios. En términos territoriales, las ganancias acumuladas representan una fracción mínima del territorio ucraniano. Analistas coinciden en que, para el tamaño del país, estos progresos son estratégicamente modestos frente al enorme costo humano y material.
Mientras Moscú insiste en proyectar inevitabilidad, el gobierno de Volodymyr Zelenskyy sostiene que la resistencia continúa. En los últimos meses, fuerzas ucranianas han logrado recuperar áreas puntuales y mantener posiciones clave en el este y el sur. Parte de esa capacidad se ha apoyado en tecnología y comunicaciones satelitales como las de Starlink, vinculada a Elon Musk, cuyo uso ha sido objeto de disputas y ajustes en el campo de batalla.
En el plano diplomático, Rusia mantiene exigencias como la retirada ucraniana de zonas estratégicas en Donetsk. Sin embargo, estimaciones de inteligencia occidental sugieren que una conquista total de esa región podría tardar muchos meses más y requerir pérdidas humanas extraordinarias para Moscú. Las cifras de bajas rusas, según distintas fuentes occidentales, se cuentan por decenas de miles al mes.
El frente político internacional también ha oscilado. Aunque en ciertos momentos el presidente estadounidense Donald Trump expresó posturas ambiguas sobre el apoyo a Kyiv, Washington no ha impuesto concesiones territoriales a Ucrania. Estados Unidos continúa suministrando armas e inteligencia, mientras Europa mantiene respaldo financiero y militar, aunque con crecientes tensiones internas sobre costos y duración del conflicto.
En paralelo, Rusia ha intensificado bombardeos contra infraestructura energética. Millones de ucranianos han enfrentado cortes de electricidad, agua y calefacción en pleno invierno, con temperaturas bajo cero. Sin embargo, estos ataques, aunque devastadores para la población civil, no han producido un quiebre político ni militar decisivo.
En el terreno, la guerra ha evolucionado hacia un conflicto dominado por drones y artillería de precisión. Se estima que una parte sustancial de las bajas en ambos bandos es causada por sistemas no tripulados, lo que dificulta grandes ofensivas mecanizadas y consolida el carácter estático del frente.
Ucrania, por su parte, busca aumentar el costo humano para Rusia con el objetivo de forzar a Moscú a una movilización más amplia o a una negociación menos maximalista. No obstante, también enfrenta desgaste interno, rotación limitada de tropas y fatiga social tras años de guerra.
Hoy, el conflicto no muestra señales claras de un desenlace rápido. Rusia no logra avances decisivos; Ucrania no cede. El resultado es una guerra prolongada, de desgaste, donde cada metro conquistado tiene un precio desproporcionado y donde la resistencia ucraniana sigue desafiando las expectativas iniciales del Kremlin.
Fuente: The Guardian