El turismo en Cuba continúa en caída libre. Según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la isla recibió apenas 298.057 visitantes extranjeros entre enero y marzo de 2026, lo que representa un desplome del 48 % en comparación con el mismo período del año anterior.
Las cifras reflejan un deterioro acelerado de uno de los sectores clave de la economía cubana. Solo en marzo arribaron 35.561 turistas, muy por debajo de los 77.663 registrados en febrero y los 184.833 de enero. Estos números contrastan con los promedios mensuales de años recientes, cuando el país superaba con facilidad los 200.000 visitantes al mes durante el primer trimestre.
El descenso afecta a prácticamente todos los mercados emisores. Canadá, principal origen de turistas hacia Cuba, registró una caída superior al 55 %, mientras que Rusia también redujo significativamente sus envíos de viajeros. Solo algunos mercados como Argentina y China muestran ligeros crecimientos, insuficientes para compensar el desplome general.
Incluso la comunidad cubana en el exterior ha reducido sus viajes a la isla. En el primer trimestre, apenas 34.233 emigrados visitaron el país, lo que supone una disminución del 32,8 %, otro indicador del deterioro de las condiciones internas.
Aunque el discurso oficial insiste en señalar factores externos, la realidad apunta a una crisis estructural más profunda. La escasez de combustible, los constantes apagones y el deterioro de los servicios turísticos han golpeado directamente la experiencia de los visitantes. A esto se suma la cancelación de rutas aéreas clave y el cierre temporal de hoteles por falta de clientes.
El turismo, durante años presentado como motor económico del país, atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. En 2025, Cuba apenas superó los 1,8 millones de visitantes, muy lejos de la meta gubernamental de 2,6 millones. La tendencia descendente se ha mantenido desde 2019, cuando el país alcanzó más de 4 millones de turistas.
El contraste con otros destinos del Caribe es evidente. Lugares como Punta Cana y Cancún han logrado recuperarse tras la pandemia e incluso alcanzar cifras récord, beneficiándose de mejores infraestructuras, estabilidad en los servicios y mayor confianza de los viajeros internacionales.
En el caso cubano, la combinación de crisis económica, falta de inversiones efectivas y un modelo turístico centralizado sigue pasando factura. La caída en la llegada de visitantes implica menos ingresos en divisas, lo que agrava aún más la situación financiera del país.
A medida que avanza 2026, el panorama para el turismo en Cuba se presenta incierto. Sin cambios estructurales que mejoren la oferta y la confianza en el destino, todo indica que la isla continuará perdiendo terreno frente a sus competidores regionales.
Fuentes: EFE y Infobae
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