El dictador cubano Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente que la vida cotidiana en la isla “duele”, en medio de una crisis económica y energética que golpea a la población, aunque volvió a responsabilizar casi exclusivamente a Estados Unidos por la situación.
Durante un acto oficial por el aniversario 65 de la declaración del carácter socialista de la Revolución, Díaz-Canel describió un escenario marcado por apagones prolongados, escasez y dificultades extremas para la vida diaria de los cubanos.
“La vida cotidiana cubana es dolorosa”, afirmó, al referirse a las interrupciones constantes del servicio eléctrico, que obligan a las familias a reorganizar sus rutinas incluso en la madrugada para poder realizar tareas básicas del hogar.
El mandatario también admitió la parálisis de sectores clave de la economía, señalando que el país enfrenta una “absoluta falta de combustible” que afecta el transporte, la producción industrial y los servicios esenciales. Esta situación, visible en largas horas sin electricidad y serias limitaciones en la movilidad, se ha agravado en los últimos meses.
Sin embargo, lejos de asumir responsabilidades internas, Díaz-Canel insistió en atribuir la crisis al embargo estadounidense, al que calificó de “bloqueo”, señalándolo como la causa principal de la escasez incluso de productos básicos.
Aun así, hizo una breve referencia a “errores” dentro del modelo, sin profundizar en fallas estructurales del sistema que durante años han sido señaladas por economistas y ciudadanos dentro y fuera de la isla.
El discurso tuvo además un marcado tono político y militar. Rodeado de altos dirigentes vestidos con uniforme, el gobernante advirtió sobre la posibilidad de una “agresión militar” por parte de Estados Unidos, un argumento recurrente en la narrativa oficial.
“No queremos la guerra, pero es nuestro deber prepararnos para evitarla y, si fuera necesario, ganarla”, expresó, reforzando la retórica de confrontación en un momento de fuerte deterioro interno.
Mientras tanto, la realidad que enfrentan los cubanos continúa marcada por la escasez de alimentos, la falta de medicamentos y el deterioro de los servicios públicos. La crisis energética, agravada por el mal estado de las termoeléctricas y la falta de divisas para importar combustible, ha generado apagones prolongados en todo el país.
Las palabras de Díaz-Canel coinciden con un creciente descontento social y una migración masiva que refleja la falta de expectativas en la isla. A pesar de reconocer el sufrimiento del pueblo, el discurso oficial vuelve a centrarse en factores externos, sin ofrecer soluciones concretas a corto plazo.
(Con información de EFE)
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