Bernardo Comas, campeón mundial de boxeo amateur en 1982, vive hoy en Camagüey en condiciones de extrema precariedad, bajo el cuidado de su madre y con problemas de salud que, según su familia, requieren atención permanente. A sus 65 años, el antiguo orgullo del boxeo cubano habita una desvencijada casa con filtraciones, sin refrigerador, lavadora ni ventilador funcionales. Su jubilación de 8.000 pesos cubanos mensuales no alcanza para cubrir las necesidades básicas, mientras sus allegados denuncian que siguen esperando ayudas institucionales y pagos pendientes relacionados con sus medallas.
Cuando llueve, la vivienda se convierte en una preocupación constante. El agua entra por el techo y obliga a mover los muebles para encontrar un rincón seco donde pueda dormir el excampeón. Su madre, también en una situación económica difícil, se ocupa de atenderlo y de afrontar las necesidades cotidianas de la casa. «Cuando llueve yo no duermo. Hay que correr», relató al medio independiente CubaNet. Al preguntarle por los electrodomésticos, su respuesta fue contundente: «Ni el refrigerador, ni lavadora, ventilador, nada. Lo que hay no funciona».
La familia afirma que Comas presenta desde hace años problemas de memoria y demencia senil. También denuncia dificultades para conseguir medicamentos y asegura que, pese a las visitas de representantes institucionales después de que su situación se hiciera pública, todavía no ha recibido una solución suficiente. Su madre cobra una pensión de 3.000 pesos mensuales y considera que ambos ingresos resultan insuficientes para vivir. Además, reclama dinero que, según le comunicaron, correspondería a su hijo por sus medallas de oro.
La situación contrasta con la trayectoria de un deportista que brilló en la década de los ochenta. Comas conquistó el oro mundial en la categoría de 75 kilogramos en Múnich 1982, tras vencer en la final al finlandés Tarmo Uusivirta. En 1983 ganó también los Juegos Panamericanos de Caracas y sumó otros resultados destacados en competiciones regionales. Tras retirarse, continuó vinculado al boxeo como entrenador.
Su caso no es aislado. En diciembre de 2023, el doble campeón olímpico de boxeo Ariel Hernández, doble titular olímpico, denunció que recibía 7.200 pesos mensuales y que ese dinero no le alcanzaba para vivir. En julio de 2026, el baloncestista olímpico Félix Morales también fue noticia por su situación de precariedad en Matanzas. Ni que decir del también púgil Andrés Aldama, diabético y sin memoria, con dificultades de vivienda e hijo enfermo.
Las historias de estos deportistas plantean una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con quienes dedicaron su vida a representar a Cuba cuando desaparecen los aplausos y las medallas dejan de ser noticia? En el caso de Bernardo Comas, la urgencia ya no está en el cuadrilátero, sino en conseguir medicamentos, cubrir los gastos diarios y tener un techo que no deje pasar la lluvia.
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