Unos 1,200 migrantes cubanos salieron en caravana desde Tapachula, Chiapas, rumbo a Ciudad de México, con un objetivo claro, legalizar su situación migratoria y acceder a oportunidades de trabajo que les permitan sobrevivir dignamente.
Tras meses enfrentando corrupción, discriminación y precariedad en la ciudad fronteriza, estos migrantes decidieron organizarse de manera autoconvocada a través de redes sociales y WhatsApp para visibilizar su situación y presionar a las autoridades mexicanas.
La caminata comenzó de madrugada desde el parque Bicentenario, acompañada por la Guardia Estatal Preventiva y la Guardia Nacional, quienes resguardaron el trayecto inicial por la carretera federal hasta Huehuetán, donde la caravana planea pernoctar.
A diferencia de otras movilizaciones que tenían como destino Estados Unidos, esta caravana busca que México agilice los trámites de asilo y refugio, muchas veces estancados en Tapachula, convertida en un cuello de botella migratorio.
Las historias de quienes participan son duras y conmovedoras. Losiel Sánchez llegó con su esposa hace casi un año y medio, pero no ha recibido respuesta de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar). “Todo es caro y no puedo pagar renta. No hay trabajo si no tienes papeles”, lamenta.
Anery Sosa perdió sus documentos en Tapachula y, pese a tener una hija con un ciudadano mexicano, aún no logra regularizar su estatus. “Con lo que gana mi esposo no alcanza ni para comer”, afirma.
Otros migrantes denuncian explotación y xenofobia. Brian Balcón asegura que en Tapachula “los trabajos son de hasta 12 horas por 150 pesos al día”, mientras que Daniel González cuenta que solo pagando a abogados logran conseguir permisos que deberían ser otorgados por ley.
Lidia Álvarez resume la sensación general: “Lo único que queremos es la oportunidad de legalizar nuestro estatus y trabajar para vivir como seres humanos”.
A pesar de los riesgos de caminar cientos de kilómetros, la caravana avanza con la esperanza de llegar a Ciudad de México o Monterrey, donde esperan empleo y la posibilidad de enviar dinero a sus familias en Cuba.
Para estos migrantes, la lucha no es un capricho: es un reclamo por dignidad, justicia y oportunidades que les permitan salir adelante sin depender de favores. Como dice una de las participantes antes de partir: “No queremos que nos regalen nada, solo que nos dejen vivir como seres humanos”.
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