Una red comunitaria denominada «La medicina no se vende» distribuye medicamentos gratuitamente en La Habana para ayudar a pacientes que no encuentran sus tratamientos en las farmacias estatales. La iniciativa, coordinada por Laura Mendoza, funciona mediante donaciones y grupos de WhatsApp, en medio de una crisis de abastecimiento que continúa afectando a los enfermos cubanos.
La falta de medicamentos en Cuba ha impulsado iniciativas ciudadanas que buscan ofrecer alternativas a quienes necesitan tratamientos y no consiguen adquirirlos por los canales habituales. Una de ellas opera en el Vedado habanero, donde voluntarios organizan entregas gratuitas de fármacos a personas que solicitan ayuda.
Según un reportaje de la agencia Associated Press (AP), publicado el domingo 11 de octubre, Laura Mendoza coordina la distribución, que se realiza los jueves y domingos al mediodía. La red dispone de antihistamínicos, diuréticos, gotas oftálmicas y antibióticos, dependiendo de las donaciones recibidas.
Mendoza explicó que el proyecto administra cinco grupos de WhatsApp en La Habana y cuenta con otro en Guanabo. También señaló que recibe más de 13 kilogramos semanales de medicamentos, procedentes de organizaciones humanitarias de Canadá y Estados Unidos, viajeros y ciudadanos. La iniciativa cuenta, además, con apoyo de Cáritas y organiza entregas para personas con dificultades para desplazarse.
Pese a su utilidad, la red no puede cubrir todas las necesidades. Los medicamentos que requieren refrigeración, determinados tratamientos oncológicos y materiales sanitarios figuran entre los recursos más difíciles de conseguir.
La iniciativa funciona en un contexto de escasez persistente. En agosto, el Gobierno cubano reconoció que solo estaba disponible alrededor del 30 % del cuadro básico de medicamentos. A ello se suman dificultades para importar materias primas, fabricar productos nacionales y distribuirlos de manera regular.
La falta de abastecimiento también obliga a algunos pacientes a recurrir al mercado informal, donde los precios pueden resultar inalcanzables para quienes dependen de pensiones o salarios bajos.
En paralelo, las autoridades han aprobado un marco para permitir farmacias privadas, aunque su puesta en funcionamiento todavía afrontaba trámites pendientes, según la información publicada.
Las redes solidarias ofrecen alivio a pacientes concretos, pero dependen de donaciones variables y no garantizan la continuidad de los tratamientos. Su actividad evidencia tanto la capacidad de organización comunitaria como las dificultades que afrontan numerosas familias para acceder a medicamentos esenciales.
Fuente: Associated Press (AP), reportaje de la periodista Andrea Rodríguez
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