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Cuba enfrenta uno de los momentos más difíciles para su industria turística: entre enero y agosto de 2026 recibió apenas 450.353 visitantes internacionales, frente a más de 1,26 millones en el mismo período del año anterior. El retroceso del 64,4 % coincide con la salida de importantes cadenas hoteleras españolas, las dificultades para garantizar combustible y servicios básicos y una fuerte reducción de la conectividad aérea.
A este panorama se suma una previsión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que sitúa la posible contracción del producto interno bruto cubano en un 10,3 % durante 2026. Aunque se trata de una proyección y no de un resultado definitivo, las cifras reflejan la dimensión de los desafíos que afronta el país y las consecuencias para hoteles, trabajadores y negocios que dependen de la llegada de viajeros extranjeros.
La alerta sobre el turismo cubano también llega desde España. El diario económico elEconomista publicó un análisis titulado «El adiós de las hoteleras españolas ahoga a Cuba», firmado por Víctor de Elena, en el que examina la retirada de operadores internacionales y el deterioro de las condiciones para mantener el negocio hotelero en la isla.
Uno de los cambios más importantes es la salida de Meliá, que comunicó oficialmente el fin de sus servicios de gestión y comercialización en todos sus establecimientos cubanos a partir del 24 de julio de 2026. La decisión se produjo tras meses de dificultades operativas, legales, económicas y financieras. Iberostar y Barceló también figuran entre las cadenas que abandonaron operaciones hoteleras en el país. Esto no significa necesariamente que todos los hoteles hayan cerrado: en varios casos, lo que terminó fueron los contratos con las empresas extranjeras.
La crisis también golpea el empleo. En julio, el primer ministro Manuel Marrero reconoció que el 73 % de las instalaciones hoteleras estaba cerrado y que unos 25.000 trabajadores se encontraban en situación de disponibilidad, según balance citado en medios digitales. La reducción de visitantes afecta no solo a los hoteles, sino también a transportistas, restaurantes, comercios y pequeños negocios que dependen del turismo.
A la caída de las llegadas se suman los problemas de combustible, los apagones, la escasez de suministros y las dificultades para mantener conexiones aéreas. Estos factores complican la experiencia de los viajeros y reducen los ingresos en divisas que necesita la economía cubana.
El desafío para Cuba es recuperar la confianza de los visitantes, garantizar servicios estables y crear condiciones que permitan reactivar la actividad turística, algo que parece estar bien distante. Por ahora, los datos disponibles muestran una caída pronunciada de las llegadas y una retirada significativa de operadores extranjeros, dos señales que mantienen bajo presión a uno de los sectores clave de la economía nacional.
Fuente: EFE
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